Latinauta Volumen 2: Un Extraño en una Tierra Extraña # 2.

Invasión U.S.A

Por Leandro Paolini Somers


Acá hay demasiados yankees. Para Necochea. Ya flamea sobre la costa una bandera danesa. ¿Tendremos una bandera de U.S.A sacudiendo acá en poco tiempo? ¿Qué hacen viviendo en esta ciudad? ¿De qué viven? ¿Cómo llegaron? ¿Por qué se quedan? ¿Siguen hablando en inglés o ya hablan necochense? ¿Serán la punta de lanza de una silenciosa invasión? 

En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.


Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



CONTINUARÁ

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Invasión U.S.A

Por Leandro Paolini Somers


Acá hay demasiados yankees. Para Necochea. Ya flamea sobre la costa una bandera danesa. ¿Tendremos una bandera de U.S.A sacudiendo acá en poco tiempo? ¿Qué hacen viviendo en esta ciudad? ¿De qué viven? ¿Cómo llegaron? ¿Por qué se quedan? ¿Siguen hablando en inglés o ya hablan necochense? ¿Serán la punta de lanza de una silenciosa invasión? 

En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.


Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



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En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.



Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



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