Latinauta Volumen 2 # 5: Querida Mamá.

Querida Mamá,

Te cuento que acá  no estoy mal. En Buenos Aires a veces no me podía levantar de la cama. No era feliz. Acá tampoco. Esto es como el limbo. No sentís nada. Generalmente por el frío.
De a poco voy acondicionando el lugar donde vivo. La vista al mar es única. A veces es un poco fresco, pero frío hace en todos lados. El ruido del mar y los lobos marinos me hacen compañía.

  
Una vez por día voy a escribir a un café para dirigirle la palabra a otro ser humano. Con que yo diga “un cortado en jarrito” y un mozo me conteste “macanudo”, ya me quedo contento de que hablé con alguien.


El presidente dice que hay que ajustarse. Usar campera adentro de la casa. Gastar menos. Vengo muy obediente porque eso lo hago todo. Me hice vegetariano a la fuerza. Los fideos Primer Precio son accesibles y la verdura también. El otro día me convidaron una empanada y se me dibujó una sonrisa. Creí que iba a volver a comer carne, pero la empanada era de zucchini. Mi suerte no cambió.



Estoy bajando de peso. Eso creo que es bueno. Bruce Lee también era flaco. Aunque ahora está muerto. Tomo más agua. Necochea es Naturaleza y yo lo vivo así. A veces encuentro almejas y ceno bien, y con los frutos silvestres me armo regios postres. Acá son naturistas. Hasta las hijas de los jueces fuman plantas regionales. Pero yo no fumo porque no sea cosa que aparezca en Lobería. No sabría cómo volver a mi rancho.



Lo importante no tiene precio. Asi que si vendo mis electrodomésticos para cubrir mis gastos, es casi ascético de mi parte. No lo veo mal. Espero pronto estar como Darín, y poder darme dos duchas calientes por día. Por ahora me peleo con los lobos marinos y los albatros por un cacho de pescado, de esos que dejan caer los pescadores gitanos de la escollera.



Escribir, escribo todos los días. Ya pensé en un título para analizar a los necochenses, pero puede ser muy polémico. No temo que nadie me retire la palabra, porque de hecho nadie me la otorga. A veces me hablan los kiosqueros cuando les pregunto "¿Qué te debo?" y me responden "8 pesos. La lata de arbejas está 8 pesos". Pero bueno, lo importante es escribir.


Un amigo me decía que con el fin del Kirchnerismo se terminó la fiesta. No se de qué fiesta me habla. A mi no me invitaron. Si venís a visitarme se agradece un bolso de comida, o una garrafa. Lo que puedas.

Desde Necochea.
Con cariño.
Tu hijo.

Lea.  

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Latinauta Volumen 2 # 4: Échale la culpa a Neco.

Échale la culpa a Neco.

Por Leandro Paolini Somers


En Mayo me mudé a Villa Ojete. Sobre la costa, pasando Mar del Plata, más al sur, ahí donde hay mucho viento: Necochea. Ciudad de 100.000 personas con alma de pueblo. Todos dicen que es un pueblo. Pero yo no lo puedo decir porque sino te acusan de porteño soberbio. Es como con los chistes. Hay jurisdicciones. Yo puedo hacer chistes de cáncer porque mi viejo se murió de cáncer. Yo puedo hacer chistes de lesiones porque vivo con lesiones. No puedo hacer chistes de Necochea porque no soy de Necochea. Igual no me hago mucho problema porque este blog sólo lo lee mi vieja: ¡Hola, Ma! ¡Saludos! ¡Muy ricas las milanesas, como siempre!


En este pueblo (sí, lo dije, preparen sus antorchas, tridentes y vénganme a buscar a 87 y 2), hay una mezcla de todo tipo de comunidades. En esta ensalada humana donde conviven comunidades como la danesa y la vasca, también está la comunidad dominicana que inicialmente llegó engañada, vía trata de personas e inmigración consecuente. Pero no es pueblo dividido por comunidades, para eso están las clases sociales. Este pueblo también tiene su lado Snatch, mediante la presencia de la comunidad romaní que está aquí hace tiempo (así se le dice apropiadamente a los gitanos).


Los porteños también estamos acá desde siempre. Seas dominicano, Romaní o porteño, estés hace 25 años o 4 meses, igual siempre te van a presentar del lugar de origen del que provengas. Nativo de Buenos Aires, radicado en Necochea. Nativo de Santo Domingo, radicado en Necochea. Sólo los necochenses de cuna son necochenses. Parece que acá no hubiese necochenses por adopción: “Ya es uno más”, es una frase común por acá. Yo preguntaría “¿Uno más qué?”, pero mi mejor amigo me ruega que sea amable para insertarme socialmente. Él es amable hace 25 años acá y le viven diciendo “el artista de Buenos Aires que vive en Necochea hace mucho”. Ya es uno más…
Como los mejicanos en Los Ángeles, si nos vamos todos los no nativos del lugar, vamos a ver qué hacen con la ciudad…pobre pueblo. Lo dije de nuevo.


Este pueblo se ve como conservador, restrictivo, desacelerado, y lo noté mucho cuando volví a Buenos Aires. Allá hice de todo, todos los días, y es cierto eso de que todo se concentra en Buenos Aires. No me gusta decir que Dios atiende en Buenos Aires porque soy ateo y Dios para mi es vecino de Santa Claus. Pero eventualmente volví a Necochea, donde por ahora elijo vivir mi vida, y una vez aquí recordé el por qué la elegí para vivir. Aunque me río de sus cualidades y me mofo de muchas cosas de la ciudad, de su gente, del diario, de casi todo, me río como un amigo se ríe de otro porque lo quiere mucho. En la cara uno no le dice a un amigo todo lo que lo quiere. En la cara uno lo humilla, lo gasta. Pero por detrás, cuando el amigo no está, o la ciudad-pueblo de Necochea no escucha, uno no puede parar de destacar que la gente acá es amable, inocente, que sabe decir no sé, que abre la puerta a las oportunidades, que dice buen día, que sonríe, que es tranquila, que es segura, que tiene la mejor playa del país, que tiene ese ritmo lento no por cansino sino porque no tiene sentido apurarse al pedo. 


Necochea es una ciudad con mucho amor por el deporte, los espacios abiertos, la buena alimentación y la buena vida. Con una gastronomía decente y una impronta cultural que siempre tiene envión sin intención de frenar, porque la cultura y el arte no se frenan, se produce, se vomita, de forma incontenible.


Cuando Necochea no mira, habló con Buenos Aires y le digo que la quiero, siempre la voy a querer pero que acá se está muy bien. Seas danés, vasco, dominicano, romaní o porteño, la Patria es el otro. Necochea es el otro. La Patria somos todos. Necochea somos todos.



 CONTINUARÁ


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Latinauta Volumen 2 # 3: Thundera.

Thundera.

Por Leandro Paolini Somers


Thundera es el planeta natal de los Thunderianos, cuyos ciudadanos más notables son los Thundercats. La historia de los Felinos Cósmicos cuenta que después de un cataclismo en Thundera, se tuvieron que exiliar en el Tercer Planeta. A mí me pasa un poco al revés. Es como que me mudé de una metropolis consolidada a Thundera, un sitio con demasiados vínculos felinos, que casualmente y por ahora, se hace llamar Necochea. 


Para empezar acá está la leyenda de la Caverna del Tigre del Quequén: “en pulperías debía responder a las bravuconadas de simples pleiteros en busca de gloria. Fue tildado de ladino, pendenciero y malentretenido. Perseguido durante años, estableció su refugio en una cueva de las barrancas del río Quequén. La enigmática ‘Cueva del Tigre’, es una zona de belleza natural que posee acantilados únicos con un suelo rocoso que se adentra en el mar. Su nombre proviene de la leyenda del legendario gaucho Felipe Pascual Pacheco, alias ‘El Tigre del Quequén’, maleante y aspirante a Robin Hood necochense que supo refugiarse a fines del siglo XIX en esa caverna a orillas del río Quequén Salado”.  


Encima el otro día vieron un puma a tres cuadras de mi casa, en el Parque Miguel Lillo: “el barrio de la Villa del Deportista está convulsionado frente al avisaje de un supuesto puma en sus inmediaciones. Las autoridades municipales quedaron sobre aviso y podrían desplegar un operativo de búsqueda armados con dardos tranquilizantes de ser necesario. Aparentemente, el animal sería uno de dos de estos especímenes que estaban en cautiverio y salieron de sus corrales. 


El Parque Miguel Lillo es una reserva forestal de 640 hectáreas paralelas a la costa, y por sus características es único en el país. En el mismo existe un circuito aeróbico, gran variedad de fogones al aire libre, proveeduría, cancha de bochas, alquiler de caballos y bicicletas. En este pulmón verde se desarrollan más de 1 millón de árboles, de los cuales la mayor parte son coníferas, con más de 100 años de historia donde se pueden encontrar importantes ejemplares de eucaliptos y pinos”.


¿Será ese el secreto esquivo de acá? ¿Estará plagada Necochea de hombres gato? ¿Buenazos de día y pumas, tigres y gatos de noche? Como esa leyenda urbana de cuando éramos chicos, de la secta de hombres gato de Brasil, que si mataban a uno otros diez tomaban su lugar: se decía que tenía aspecto humano, pero vestía como un hombre gato, que atacaba, robaba y hería a quienes lo viesen, que padecía ciertos rasgos deformes, y sus actitudes y sonidos eran muy similares a las de un gato en pos de ataque; su muerte no podía ser festejada ya que por cada uno que mataba la policía en la costa, diez hombres gatos más eran enviados desde la secta brasilera que los engendraba”. 


A  mi me la contaron en un verano de mi niñez…y quizás debería tener los ojos más abiertos en mi adultez. Quizás los ojos de los de acá son medios amarillos, como los de los gatos. Y en las ceremonias religiosas, de todas las tardes frente a la plaza, en vez de rezarle a un Dios omnipotente le rezan a uno más parecido a Bastet. La diosa gata Bastet esa que se presenta como una mujer con cabeza de gata, y simboliza la energía positiva del sol, la armonía y la felicidad. Quizás por eso le rezan acá, para que haya más sol y menos frío. Cada día me cierra más que estoy rodeado de gatos. La diosa egipcia Bastet también era la guardiana de las mujeres embarazadas y de los partos, ya que tenía el  poder de alejar los malos espíritus. Y acá hay que rezarle mucho a esta diosa, no para que haya buenos partos, sino para que no huyan más las parejas masculinas. Necochea es la capital nacional de la madre soltera…Para mí que más de una le empieza a rezar a Bastet pero le termina rezando a Sekhmet, otra diosa egipcia con cuerpo de mujer y cabeza de leona que encarnaba la venganza y la sanación.


La gente de acá me genera sospechas. Acá pasan cosas con felinos y yo que soy medio dormido todavía no me doy cuenta del todo. Acá hay gato encerrado. Me parece que me mudé a Thundera.


CONTINUARÁ



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Latinauta Volumen 2: Un Extraño en una Tierra Extraña # 2.

Invasión U.S.A

Por Leandro Paolini Somers


Acá hay demasiados yankees. Para Necochea. Ya flamea sobre la costa una bandera danesa. ¿Tendremos una bandera de U.S.A sacudiendo acá en poco tiempo? ¿Qué hacen viviendo en esta ciudad? ¿De qué viven? ¿Cómo llegaron? ¿Por qué se quedan? ¿Siguen hablando en inglés o ya hablan necochense? ¿Serán la punta de lanza de una silenciosa invasión? 

En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.


Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



CONTINUARÁ

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Latinauta Volumen 2: Un Extraño en una Tierra Extraña # 2.

Invasión U.S.A

Por Leandro Paolini Somers


Acá hay demasiados yankees. Para Necochea. Ya flamea sobre la costa una bandera danesa. ¿Tendremos una bandera de U.S.A sacudiendo acá en poco tiempo? ¿Qué hacen viviendo en esta ciudad? ¿De qué viven? ¿Cómo llegaron? ¿Por qué se quedan? ¿Siguen hablando en inglés o ya hablan necochense? ¿Serán la punta de lanza de una silenciosa invasión? 

En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.


Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



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Latinauta Volumen 2: Un Extraño en una Tierra Extraña # 2.

Invasión U.S.A

Por Leandro Paolini Somers


Acá hay demasiados yankees. Para Necochea. Ya flamea sobre la costa una bandera danesa. ¿Tendremos una bandera de U.S.A sacudiendo acá en poco tiempo? ¿Qué hacen viviendo en esta ciudad? ¿De qué viven? ¿Cómo llegaron? ¿Por qué se quedan? ¿Siguen hablando en inglés o ya hablan necochense? ¿Serán la punta de lanza de una silenciosa invasión? 

En mi poco tiempo acá conozco al menos cinco familias con estadounidenses, y vivimos todos cerca. Es sospechoso. En general fueron arrastrados por el amor. Necochense que viaja se engancha un gringo/a y le ofrece vivir barato en un lugar lindo y alejado de todo. El enganchado/a sigue al local. Y colorín, colorado, este cuentito con happy ending ha acabado…en teoría. Quizás sean topos de una operación que puede o no destaparse. Mientras tanto, ellos simulan estar integrados a la comunidad. Les dije que me mudé a una novela de Stephen King, y que acá hay gato (o espía yanqui) encerrado. 

Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos (o espías del imperio) aún más cerca. Asi que me hice su amigo, y como me crié entre ellos, me aceptaron rápidamente. Seguro que en breve me ofrecen ser parte de la operación. Por ahora, voy a ver cómo uno toca la guitarra, acepto la comida de otra, le doy like a los posteos de auto ayuda de otra más. Todos con pareja, trabajos estables y familia. Todo muy “The Americans”. La fachada perfecta. Seguro que abren puertas secretas en sus cocinas y en vez de un acopio de malvaviscos tienen un cuarto lleno de chumbos, listos para dar el golpe y tomar Necochea. 

Imaginate, toman la playa, la ciudad, y desembarcan todos los submarinos con tropas y personal administrativo. Ahí agarráte. Todos a los campos de concentración y se acabo eso de cortar la tarde por una siesta. No se si a los necochenses les coparía tal invasión. Con la siesta no se jode.


Asi que ustedes tranquilos que seguiré siendo el solterillo copado amigo de los gringos. Iré a comer con ellos y seré amable con sus parejas. Todos mantendremos la fachada, hasta que lleguen los submarinos. Todos seguirán casados hasta ese momento. Total acá sólo tengo amigos casados. Los casados son raros. Los hombres sobre todo. No les dicen a sus mujeres que van a tal o cual lugar. Les piden permiso. Como cuando éramos chicos y le pedías permiso a tu vieja para poder salir a jugar…un Freud a la derecha, por favor.

Igual esto lo escribo acá y nada de decirlo en voz alta. No quiero que se ofendan mis amigos. Total seguro que no me leen. No se si leen algo. Peligraría mi supervisión de la Operación Invasión U.S.A.


Estoy acostumbrado a seguir y ser seguido. Buenos Aires es como The Truman Show para millones. Necochea es The Truman Show para miles. Los dos se ven artificiales, pero uno es más chico y con menos presupuesto; asi que se le ven los hilos. Además tengo más tiempo para pensar y eso me hace notar cosas. Casi te diría que soy peligroso ahora, porque puedo pensar, meditar y leer. Eso siempre es peligroso. No es normal. Por eso a los yanquis me muestro inocente. No sea cosa que se aviven.
Asi que o salgo con mis amigos casados (locales o espías del imperio) o salgo solo. Aunque cuando salgo solo es raro. Acá los hombres salen en escuadrones. Mucha camisa, mucho sweater Mauro Sergio. Estas salidas están avaladas. Les dicen peñas, como que está implícito y legitimado que no se puede llevar pareja. Cuidadito con caer con una novia. Te excomulgan de los Magios si hacés eso. Además caes a un bar a las dos de la mañana y son todos hombres. O no me entero y hay días de hombres y otros de mujeres, o en esta ciudad faltan minas. O las tienen controladas. Todo muy “The Stepford Wives”. Andá a saber.


Yo tomo café algunas tardes en ese lugar de techo alto frente a la plaza costera. No te voy a decir cuál es para no hacerle publicidad gratis. Ahí se junta la gente bien y a mí me convoca mi lado burgués. Ahí se corta un poco el bacalao local, con reuniones de jueces y abogados, gente del campo y las visitas de notables que llegan a esta ciudad. 


Ahí se respira capitalismo. Olvidate de las reuniones troskas que se hacen en Older. En el de techos altos, el virus capitalista (¿Qué habrán fomentado aún más estos yanquis proto invasores?) se enquistó bien en el tejido local. En ese local las jóvenes de veintipico, con sus laptops y múltiples bolsas, coordinan trabajos y fundan empresas. Su objetivo es hacer guita, tener guita, ser empresario. Pero si te recibís a los 23 y ya sos empresario a los veintipico, ¿Qué te queda a los 30? ¿Y a los 40? Te pegás un corchazo frente al mar. O te ahorrás la bala (como buen capitalista) y hacés la Gran Alfonsina.

Mira vos a dónde me vine a mudar, a una ciudad a punto de ser el foco de una invasión yanqui que mientras tanto es controlada por una secta machista, con un banco suplente de jóvenes infectados que quieren ser empresarios exitosos a los 20 y algo.
Igual ustedes tranquilos que yo me mantendré vigilante, alerta y simularé ser uno más. Aunque estos guachos saben. Se me nota que no soy de acá, pero de a poco los infiltraré.



Mientras un borracho se acerca al dueño del almacén y le pide cambiarle un kilo de naranjas (que andá a saber de dónde sacó) por un vinito, yo sigo con mis compras y calculo que como mucho de viaje al centro tengo 15 minutos. La idea es tener una vida normal, al menos hasta que lleguen los submarinos. 



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Latinauta Volumen 2: Un Extraño en una Tierra Extraña # 1.

¿Qué hacemos acá?

Texto y fotografías
por Leandro Paolini Somers


Me mudé a un pueblo. Es una ciudad pero con alma de pueblo. Sobre la costa argentina. En pleno otoño. Los días son fríos. Hay muchos locales tapiados. Acá se almuerza en sus casas y se duerme la siesta. Las caras en la calle se repiten y son siempre las mismas. Mismos mozos, mismos comensales, mismos taxistas, mismos choféres, mismos transeúntes. Hay clases económicas altas, medias y bajas. A la clase baja mucho no se la ve. Deben ser como los Morlocks. Pero hay todo tipo de persona, y claramente todos somos un animal social, porque incluso teniendo todo en sus hogares, la gente se junta en cafés a no estar tan solo. Este lugar es ideal para un escritor, o para engendrar un asesino serial.


Me enamoré de este lugar a partir de sus playas. Me aseguré de tener un techo para la vejez. No lo pude comprar en Buenos Aires, lo compré aquí. Me asustaba la idea de tener que pagar un alquiler de anciano. Me imaginé viviendo solo, frente al mar. Tener un perro, caminar por la arena, entrar a un café a ver fútbol con otros viejos, comprar libros baratos en esas librerías de la playa. Imaginaba esa vida alejada de todo y todos, pero para cuando tenga arrugas, no a mi edad. Así y todo un domingo 29 de mayo de 2016 me fuí de Buenos Aires y me mudé a Necochea.


Necochea es una ciudad argentina ubicada en la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires. Esta ciudad que explotó demográficamente en los 70’s, tiene una de las mayores comunidades de descendientes de vascos y daneses del país. En el año 1911, Necochea fue legalmente declarada ciudad. La ciudad se puede dividir en dos focos comerciales: el centro y la playa. Por el centro entendemos al núcleo administrativo y fundacional de la ciudad, espacio en donde se encuentra la municipalidad y la iglesia principal, en donde el movimiento comercial es el más intenso durante la mayor parte del año, exceptuando el verano. Porque en esa estación, la playa pasa a ser central en el devenir comercial y cultural. Lo más destacable de su terreno arenoso, es lo vasto del perímetro, con lugares donde hay mucha gente y otros sectores donde el espacio personal es más amplio. Me mudé a una novela de Stephen King y Richard Matheson, salpimentada con algo de J.G. Ballard. Vivo frente al mar y a tres cuadras de un bosque.


La ciudad por ahora es húmeda, con eco. Alguna gente hace deporte. Los viejos leen el diario local. Se escucha bastante reggaeton aunque hace mucho frío. La vuelta al perro en autos o caminando es inevitable para los lugareños. Hay gente, pero también hay muchos perros callejeros sueltos. Cuando la gente de acá habla parece que siempre terminan las oraciones en pregunta. Quizás es la tonada. Quizás soy yo. Los perros son más claros y directamente no preguntan nunca nada. Yo me vine por varias razones, pero los que viven acá, ¿Son de acá? ¿Por qué se quedan? ¿No les da curiosidad salir de la caverna? ¿Probaron en Buenos Aires? ¿Probaron en otros lados? ¿Querrán? ¿Por qué hay vendedores en calles donde no pasa nadie? ¿Se los ordena la ciudad? ¿Escuchan a su ciudad? ¿La sienten? ¿Necochea es una ciudad mujer o una ciudad hombre? Los otros que no nacieron acá, pero que igual se vinieron, ¿De qué huyen? ¿Si cubrís tus gastos estás viviendo o sólo existiendo? ¿Son felices acá? ¿Se puede?


Dicen que usar la experiencia es para los tontos, los iniciados. Que los sabios miran la historia. Yo por ahora me rijo por la intuición que me da la experiencia, y por el raciocinio que me da mi historia. Me falta mucho para ser sabio. No se si llego. Pero sí se cuando no soy feliz. Si lo soy, te lo digo. Se me nota. Cuando me gusta estar en un lugar, la lucho. Cuando estoy en un local sé dónde está la puerta de salida. Sé cómo y cuándo salir. Por eso salí de Buenos Aires. Me susurró que era tiempo de irme.


El movimiento es vida. Si sostenés tu vida te estancás. Hay que saber reinventarse. Hay que escuchar y saber cuándo irte de la ciudad que te parió. Creo que Buenos Aires es una ciudad mujer.
Cuando las oportunidades laborales no son las mejores, y las podes hacer por Internet, vivir en Necochea o Teherán da lo mismo; asi que te podés ir de Buenos Aires. Cuando tus pulsiones sociales son diarias, no escribís todo lo que debés, cuando tu crédito de escritor se empieza a acabar, cuando sabés que si vivís alejado vas a producir mucho más; entonces te podés ir de Buenos Aires. Cuando tus amigos son cada vez menos (los perdés por intereses, por pollerudos, porque quieren cambiar, porque evidentemente entonces nunca fueron tus verdaderos amigos); te podés ir de Buenos Aires. Cuando vivís en una ciudad pero tus inversiones siempre van para la costa; podés dejar Buenos Aires. Todos en algún momento piensan: “Qué ganas de mandar todo a la mierda”, en ese momento te das cuenta que podés huir de Buenos Aires.


En la ciudad autónoma de Buenos Aires estaba desordenado, tenía mucho a favor, pero estaba recalentando el guiso. No está bueno, aunque acá todavía no hice nada. Apenas hice algo para mí, nada para la ciudad. Sin embargo, recuperé muchas cosas: no me molesta estar solo, es más honesto estar solo acá que sentirse solo en la muchedumbre de allá. Además acá escribo, estoy tranquilo y tengo esperanza. Eso último basado en la nada. En un nuevo comienzo. En la tabula rasa. Pura fé. Quizás estar tranquilo naturalmente te da esperanza. Asi que por ahora me quedaré acá y seguiré mi plan. Seré pragmático, aunque parezca frío, aunque lamente privarme del refugio, de la compañía de algunos. Seré amable como todos acá. Hablaré poco, como los lugareños. Trataré de creer en las sonrisas de la gente, aunque el haber leído demasiado a Stephen King hace que naturalmente sospeche que acá algo ocultan. Saludaré a los mozos y pensaré por qué siguen acá. Pensaré cómo hace para levantarse a la mañana el del kiosco al que nunca le entra nadie. Observaré al hombre que hace crucigramas todas las tardes en la misma mesa del mismo café, y me preguntaré qué es lo que verdaderamente busca. No es fácil ser un extraño en una tierra extraña. El camino a una vida mejor nunca es fácil.

CONTINUARÁ




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