Ecuador 2013, otro regreso del Latinauta (parte III).


Ecuador me mata (2013) Parte Final.
 
El miércoles 20 de 2013 me desperté en Quito con la necesidad de seguir camino. Me faltaba hacer la ruta costera, así que me bañé, desayuné, hice la logística costera por Internet y arranqué rumbo a la ciudad de Esmeraldas. Supuestamente el viaje de Quito a Esmeraldas es de 5 hs, pero como no todas las rutas están en buen estado, sabía que al viaje le iba a tener que meter un par de horas más. Por las curvas, la altura, la lluvia o la falta de asfalto en Ecuador, meter 100 Kms de ruta puede tardar más de 2 horas. La jugada ideal quizás hubiese sido salir de noche, pero uno vive, viaja y aprende. Finalmente llegué a Esmeraldas.

 
Esmeraldas es una ciudad de Ecuador en la zona noroccidental del país y se encuentra a 318 km de Quito. Esta ciudad costera cuenta con una población de 454.000 habitantes. Localizada en la desembocadura del río Esmeraldas, está la ciudad del mismo nombre cuya temperatura media es de 23 grados centígrados. Esta ciudad es la capital de la provincia del mismo nombre y disfruta de un clima tropical caliente durante todo el año. Este es el puerto principal del norte del país y posee la refinería más grande del Ecuador. Productos agrícolas, comercio, madera, y la refinería son la base de la economía en Esmeraldas. Es también un importante centro turístico para el turismo nacional y el acceso a las playas desde el norte la Tola y al sur hasta Muisne.

La población local es predominantemente de raza negra. Originarios de esclavos que fueron traídos en un barco desde Panamá en 1553. El barco chocó contra un filón y los esclavos fueron enviados para buscar el alimento, pero nunca volvieron. Los españoles murieron de hambre y enfermedades, mientras que los nuevos esmeraldeños que escaparon formaron una comunidad bien organizada que prosperó durante más de 50 años.

Esmeraldas ofrece hermosas playas con paisajes y clima cálido. Su costa, así como sus reservas ecológicas, la hacen uno de los destinos turísticos más visitados del país, gozando de una temperatura favorable en todo el año. La playa de la ciudad de Esmeraldas se encuentra en el barrio de Las Palmas donde se encuentran negocios turísticos y de restauración, así como locales de vida nocturna.  Las playas más visitadas por turistas nacionales y extranjeros son: Atacames, Súa, Same, Tonsupa, Esmeraldas, Muisne y Cojimíes y otras. Cada recodo de los ríos esconde cascadas, árboles centenarios, aves entre otros.

Camino a la terminal de micros uno aprende cosas: Las garrapiñadas en Ecuador también existen y se llaman “Manicho” y la golosina barata y popular se llama “Melcocha”, que es como un butter-toffee callejero y en barra. Otra dato a tener en cuenta, es la disponibilidad de cambio. Solamente los bancos, o restaurants y hoteles cinco estrellas, te pueden dar vuelto con facilidad. Evidentemente, como el dólar es importado, hay una falta de liquidez alarmante y pagar con 50 o 100 dólares, iguala a que no te acepten el pago y te manden a buscar cambio que no vas a conseguir. Eso es un tema a mejorar de la economía de Ecuador, un país que paso a paso empieza a ser más serio.

Al salir de Quito, hay que tener en cuenta que sus terminales de micro están 30 minutos alejadas del Centro y eso se traduce en gasto de tiempo y dinero. Un viaje en taxi de media hora en Quito te puede salir 7 dólares y en bus casi 1 dólar.

Cuando llegué a la terminal, saqué un pasaje de 7 dólares rumbo a Esmeralda que salía a la 1 pm. El viaje no fue tan insufrible y llegué a Esmeralda a las 7 p.m y me tomé un micro de 1 dólar para llegar a las playas de Atacames (que tardó sólo media hora más).

Cuando llegué a Atacames a las 7 p.m, ya era de noche y era uno de los pocos turistas ahí. Como Atacames no es muy turístico, y es más bien un pueblo que explota sus playas, muchos locales me recomendaron que como ya era de noche, coma algo y me encierre en el hotel. Como en un western con vampiros…
 
A pesar de todo, Atacames cuenta con la planta hotelera más grande del país. Muchos quiteños visitan sus playas el fin de semana. La afluencia de extranjeros también es constante durante casi todo el año, pero menor en comparación a los locales.

 
Atacames es la playa natural más grande del Ecuador y tiene una gran vida nocturna, especialmente los fines de semana y durante las vacaciones, no faltan discotecas ni clubes de baile abiertos. En su gastronomía se puede disfrutar los más exquisitos platos del mar y tomar "coco loco", bebida típica elaborada con agua de coco y caipiriñas.

Así que después de caminar unas cuadras con la mochila puesta y un moño en la cabeza, me comí un hot-dog en un puesto callejero y me tomé una moto (sí, pagas y te llevan atrás, mordiéndole la nuca al que maneja ;) para ir hacia mi hostel que quedaba frente a la playa. Mi intención era ir al Hotel El Chavito, pero estaba cerrado y no había nadie, así que tuve que dormir en un hotel al paso (si, un telo) que quedaba a una cuadra de El Chavito. Me duché, miré un poco la tele, escuché como bailaban al ritmo de “los traviesos del ballenato”, garchaban y se emborrachaban otros, y a la mañana siguiente hice el check out. Pasé la mañana tomando ice tea de botella y leyendo en sus poco atractivas playas, listo para seguir camino.


Del centro de Atacames me tomé un micro hacia Mompiche que iba a tardar 2 horas en llegar y que me costó 2 dólares. En las playas de Mompiche empecé a sentir el espíritu surfer y mochilero del país. La ciudad es un pueblo, sin inversión, tranquilo, seguro con recaudos y necesario para ir a descansar y hacer playa, si uno no tiene muchas pretensiones. 

 
Al final de la calle principal de Mompiche los capitanes de embarcaciones ofrecen a los visitantes numerosos tours en el mar. La mayoría de estos tours incluye un viaje a la isla Portete y a las islas de Manglares que están algo más alejadas.


Por ser un pueblo de pescadores, Mompiche es uno de los mejores lugares para probar las especiales recetas de la provincia de Esmeraldas. Es posible degustar percas, garropas, camarones, gambas, langostas y cangrejos, todos frescos, provenientes de las aguas circundantes del lugar. Un plato que se destaca particularmente, y que no hay que dejar de probar, es el "encocado" en el cual los mariscos son cocinados en una espesa salsa hecha a base de coco y ajo.


Mompiche tiene un área de 6.5 Km. con una temperatura de 21º C a 32º C. Esta playa pertenece a la vida del bosque seco tropical. Es una playa magna de arena fina donde se pueden ver conglomerados conchíferos meteorizados; además superficies planas o ligeramente onduladas. Mompiche es un pueblo  pequeño  de 150 casas de caña y madera, donde la mayoría de los habitantes se dedica a la pesca. Sin embargo, algunas familias volcaron su interés por el turismo y se inició la construcción de cabañas y restaurantes.

 
Mompiche está bien. Nada más. Si miramos el mapa de Ecuador, yo hice una “Q” en su territorio. Tendría que haber hecho una “U” y haber evitado lugares como Esmeralda, Atacames y quizás Mompiche.

Como casi no desayuné, almorcé cargado una sopa de vegetales + camarones + arroz + jugo por 3 dólares, en la puerta de un hostel que ya no tenía lugar pero donde se comía bien. Encontré una cama disponible en el Hostel Perikó por 6 dólares la noche (el precio incluía el locker y uso de duchas compartidas). Mompiche es apenas turístico, tiene una mina de extracción de minerales, es un pueblo pesquero y las olas no acompañaban en los días que estuve. Lo que sí tiene de interesante son sus playas de arena negra: rumbo al acantilado a la izquierda, entrando en la jungla y caminando rumbo sudeste te encontrás con playas negras de arena volcánica que son verdaderamente impresionantes.


Aunque había tablas para alquilar, no había buenas olas y todo el  mundo en la playa se dedicaba a tomar cerveza, tocar la guitarra o pasear de la mano con su pareja. El clima me hizo acordar al verano de Buenos Aires, caluroso y húmedo. Como el mar estaba planchado para surfear, dejé mi mochila de lado, entre unas piedras, y me tiré a nadar en el frío Océano Pacífico; después de 4 años de haber nadado en sus aguas, cuando estuve en Chile.

 

Quito me había hecho correr, Esmeralda y Atacames no me habían gustado mucho, pero escuchando Into the Wild de Eddie Vedder, escribiendo en un cuaderno sobre la arena y comiendo comida casera y de mar, me empecé a relajar a sabiendas que en 5 días me volvía a Baires.

 
Al otro día seguí camino a partir de las 11: 30 hs, después de haber pagado y desayunado, rumbo a las playas de Canoas. Para llegar hasta esas playas, hay que hacer 5 trasbordos y tardas cerca de 5 horas, por el precio de 5 dólares. Como escuché una conversación de unos ingleses que no hablaban español y estaban desesperados por irse de Mompiche, para estar en Canoas cerca del mediodía, los convencí de compartir un taxi entre los tres. El mínimo que le pude negociar al tachero fueron 60 dólares entre los 3. Si bien no parece mucha plata, en Ecuador te pagas una cena y una noche en un hostel con 10 dólares. Pero igual le pagamos 20 dólares cada uno y el tacherito (tendría 19 años) no bajaba de 120 kms/h y a la 1:30 p.m nos dejaba frente a las playas de Canoas. Lo que en un micro hubiésemos tardado 5 horas en ese taxi tardamos 2 horas. Como pisteaba ese cristiano!

Canoas está bien, es un poco más grande que Mompiche. Incluso tiene un hotel grande como el Hotel Bernabeth (al que no pude ir porque ya estaba corto de efectivo). En estas playas también es ideal venir en pareja o con amigos a surfear (hay muchos puestos donde alquilan tablas). Canoas es bastante tranquilo y seguro. Tiene – como Mompiche – un ambiente muy playero, donde sólo importa el día a día, que haya buenas olas, algo de pesca y que la cerveza esté fría.  

 
Tuve la suerte de llegar a las playas con buenos días, ya que los días anteriores estuvo nublado y ahí sí hubiese sido un embole. En Canoas almorcé tarde en un comedero y comí arroz con camarones recién sacados (con mi gaseosa favorita del Ecuador, la Fiora) por 5 dólares (el doble del promedio, pero ya estaba entrando en terreno bastante turístico). Pasé el resto de ese día en la playa y por la noche leyendo Cell en la habitación del Hostel Coco Loco. Necesitaba un poco de lujo para descansar y me alquilé una habitación para mí por 15 dólares (con baño privado, T.V y ventilador).  

 
Canoas vale la pena visitar, tiene algo de infraestructura, es surfer y se prepararon para los turistas al límite de ser casi prolijos. Por la humedad y el calor, está ciudad balnearia tiene olor a Miami, es muy raro identificar su olor en otro lugar. Canoas tiene muchos bares y comederos, tiene lindas playas, buena vista pero aquí tampoco pude surfear porque las olas rompen muy rápido y no hay nadie en el agua, así que eso me confirmó la idea de que quizás en este viaje no me reencontraba con el surf.  

 
El viernes 22 estuve todo el día en la playa y me cargué la mochila con botellitas de agua, bolsas de chips y tostitos jalapeños + mi cámara de fotos y Cell, para leer un poco en la arena mientras tomaba sol. Por la noche salí a caminar, ponerme en contacto con el mundo – con un poco de Internet – y cenar Encebollado, por recomendación de Diego Agrimbau. Por 3 dólares cené un alto guiso de encebollado y una coca. El encebollado es una sopa típica de Ecuador que lleva atún fresco, cebolla, tomate, yuca, cilantro, comino y sal, entre otras especies e ingredientes.  Esa noche me dormí en la habitación viendo “Granados en Pijamas”, un programa que tiene Pablo Granados en Ecuador (con Pachu, laburando por dólares en tierras de la tricolor).  

 
Aunque Canoas fue una bocanada de aire fresco (después de un par de lugares mediocres), aunque tenga grandes atardeceres, lindas playas, una plaga de cangrejos y decentes lugares para salir a joder y cenar, era hora de seguir camino rumbo a mi último destino: Montañita. La mañana del 23 me levanté a las 7:30 a.m, desayuné café con leche, tostadas con manteca, queso y huevo – por 3 dólares – y me tomé un bus a 1 dólar que iba hacia Bahía, para que me acerque a Montañitas. De Bahía de Caraquez me tomé otro micro a Jipi Japa (posta que se llama así) por otras 4 horas al precio de 4 dólares. Es increíble la cantidad de horas que uno “pierde” cuando uno se mueve en micro y es mochilero. Dichas horas uno las puede usar durmiendo, conociendo gente, leyendo, sacando fotos o simplemente pensando. Honestamente, ya me acostumbré a que las horas pasen como nada, pero no me deja de asombrar el darme cuenta que – a veces – viajé todo el día para llegar a tal o cual playa. Ya me acostumbré al ritmo de despertarme, desayunar, planear la logística, viajar, llegar y disfrutar, comer, dormir, despertarme, etc.

Cuando llegué a Jipi Japa por 4 dólares me tomé otro micro que en 2 horas finalmente me dejó en Montañitas, destino alabado por los argentinos y que yo ignoré hasta lo último – creyendo que iba a ser una cagada amada por los argentos pero que terminó siendo uno de los mejores lugares de Ecuador.
 
Montañita es una comuna que está ubicada en las costas ecuatorianas de la provincia de Santa Elena dentro del cantón Santa Elena, que es capital de la provincia del mismo nombre y por donde pasa la carretera de la Ruta del Sol, a 200 Km de la ciudad de Guayaquil. Llamada así por estar ubicada en una ensenada rodeada por cerros, y vegetación al pie del mar, actualmente es un balneario turístico. Sus olas derechas perfectas que llegan hasta los 2.5 m atraen a turistas nacionales y extranjeros para la práctica de deportes como el surf.
 
Montañita es un lugar mayormente pacífico, con un toque bohemio que se puede comprobar tras caminar por sus calles donde se encuentran todo tipo de bares, restaurantes informales, vendedores de artesanías, fiestas, cabañas ecológicas, fogatas al atardecer, clases de surf, y extranjeros de diversas nacionalidades. Sus habitantes viven de la pesca, y las artesanías, pero la principal fuente de ingresos de este balneario es el turismo.


Esta aldea, que es parte de la Parroquia Manglaralto, tiene estatus de comuna como otros varios pueblos - principalmente pesqueros y agrícolas - de la zona costera de Ecuador, es administrada por los pobladores de manera cooperativa y asamblearia. Aunque el Estado limita de gran manera el poder real de las comunas costeras, varias - como la de Montañita - por su abandono de parte de las autoridades, por la preservación de estructuras comunitarias ancestrales y por el importante flujo de dinero por parte de los turistas, gozan de una cierta autonomía algo más amplia que en las otras comunas.
 
Para tener voz y voto en la comuna Montañita sin haber nacido allí, es necesario aportar de una manera comprometida a la vida comunitaria de sus habitantes nativos. Eso da derecho al nuevo habitante de la comuna a convertirse en ciudadano con plenos derechos. Las normas de convivencia son una combinación entre tradiciones populares, acuerdos mutuos y decisiones consensuadas de forma abierta.
 
Las construcciones en Montañita siguen manteniendo un estilo rústico de la costa, a base de caña y paja, aunque en la actualidad los hostales y casas de hospedaje comunitarios gozan de comodidades para el turista, como agua caliente y potable. En la actualidad el panorama de esta playa ha cambiado mucho por la llegada de alumbrado y alcantarillado públicos, a pesar de que se puede encontrar aún unos cuantos visitantes con formas de vida alternativa. 
 


Hice la mitad de la ruta del sol en 8 hs, todo el día viajando y llegué a Montañitas agotado pero sabiendo que en 36 horas me estaba volviendo a Buenos Aires, así que lo disfruté al máximo. La ruta del sol, es la ruta costera de Ecuador y da para hacerla en banda con una 4 x 4 y bastante tiempo para descansar, morfar y surfear. Desde el micro pude ver que Salinas, Puerto López y Olón eran muy tranqui, similares a Mompiche pero más limpio y surfer.  

A pesar de que Montañitas está bien, también puede pecar de ser la Mar del Plata de Ecuador, ya que como queda cerca de Guayaquil y no es tan caro, viene mucho ecuatoriano a pasar sus vacaciones acá. En esta ciudad hay una gran concentración de gente y es un pueblo que se expande rápidamente para convertirse en ciudad. Hay muchos argentinos trabajando o montando sus negocios. No por nada había escuchado tanto acerca de este lugar: está bueno y los argentinos decidieron tomarlo como base. Sin embargo, aunque los argentinos andemos por todos lados, dos taxistas y los ingleses que viajaron conmigo, no sabían dónde quedaba mi país.  
 
La parte costera de la ciudad tenía mucha madera a la vista y con la proximidad del mar no podía parar de pensar en las ciudades de Waterworld de Kevin Costner. Con mucha movida y puestos callejeros con comida de todo tipo, la ciudad me recibió a las 5 p.m. Bajé del micro y me fui directo a la playa hasta el atardecer. Recién después que se puso el sol, me busqué un lugar donde dormir y fui a buscar algo para comer.  

 
Me hospedé en el Hostel Palmeras donde la señora Marta me alquiló una pieza para 6 pero sólo para mí por 12 dólares, ya que no había gente y yo quería tener baño privado, cable y ventilador una noche más antes de volver a Guayaquil. Cené en la calle un hot-dog jalapeño (a 1 dólar) y después una hamburguesa completa (a 2 dólares) con una botella de Fioravanti (a 2 dólares) sentado en el cordón de la vereda mientras veía el desfile de gente que recién empezaba sus vacaciones, así como yo terminaba las mías y me preparaba para volver a casa. Como cierre de la noche, me comí un granizado de Tamarindo (hielo picado y jugo concentrado de Tamarindo) como postre, después de tomarme una cerveza Pilsener dándole cierre a mi única noche en Montañitas.  

 
Si Ecuador recibe inversión interna y extranjera, si se optimiza, si hace un uso inteligente de sus recursos naturales, si mantiene un aceptable nivel de seguridad, si continua ampliando su infraestructura y continúan cosechando esa relación gringo-friendly (debido a su vínculo y dependencia del dólar), este pequeño gran país se podría convertir en la nueva Costa Rica o Panamá (lugar ideal para la inversión, educación y retiro de los adinerados estadounidenses); y esto último no es malo ya que mejora notoriamente la calidad de vida de los ecuatorianos, siempre y cuando se mantenga una economía estable y se respeten las leyes laborales de Ecuador y no del país inversor. 
 
 
El 25 de Febrero, 15 días después de haber salido de Buenos Aires, me iba de Montañitas (con la idea de regresar) rumbo a Guayaquil, en el micro que sale de la Terminal a las 5:30 p.m. Ya con un pie casi adentro del avión, no podía evitar pensar que el viaje a Ecuador se siente como un partido empatado, con lugares que me gustaron mucho y lugares que no me gustaron nada. Pero Montañitas apareció sobre el final como cuando Sorin aparecía de 9 al final de una jugada y ganaba el partido. Montañitas fue gol y partido ganado y destino aprobado para Ecuador (y les recuerdo que hagan una U geográfica para visitar lo mejor que el país tiene para ofrecer).  

Viajando con otros latinoamericanos también noté las diferencias de quienes se mueven por nuestro continente: El brasilero pasa sin conocer la cultura o el idioma, sólo a fuerza de un Real que por ahora tiene peso. El chileno viene de turista, sin respeto por lo ecuatoriano y con mucho viento de clase alta. El argentino viene a hacer negocios o de mochilero/hippie, apoyado en la clase media que nos destaca históricamente. Diferencias. 
 



El 26 de Febrero, me desperté a las 6:30 a.m en el hotel/telo que ya tenía pago, tomé una botella de Ice Tea y en la recepción, arreglé con un amigo del conserje que me lleve al aeropuerto por 5 dólares (aunque toda la movida tomo mucho olor a secuestro express, no tenían nada que sacarme y la jugada la había empezado yo). Desayuné en el aeropuerto y empecé con los vuelos de regreso a mi Buenos Aires querido: De 10 a 12 de Guayaquil a Lima, de 1 a 4 p.m de Lima a Santiago (con cambios de horarios, algunas horas de huevo y meriendas en Dunkin Donuts Aeropuerto Santiago) para finalmente volar de Santiago a Buenos Aires de 9 a 11 p.m.  

 
Llegué a Buenos Aires después de haber visitado 9 ciudades en 14 días, después de haber pasado infinitas horas arriba de micros, de tener muchas fotos tomadas, muchos recuerdos frescos y la satisfacción de volver a mochilear como Latinauta sintiendo el ocaso rutero y el alba burguesa, pero todavía con ganas de viajar como sea ;)


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