El ABC de la gira de PJ.



10 días en Brasil, Argentina y Chile, a todo Pearl Jam (2013)
 

 
Brasil – 31 de Marzo de 2013.
 

En 2011 Pearl Jam regresó a la Argentina. En aquel año prometí con mi amigo Marcos que “cuando sea que vuelvan, los seguimos en la gira”, como si el futuro acto de seguir a Eddie y la banda pudiese exorcizar miserias pasadas. Little did we know que iban a regresar tan pronto, en 2013. Nos sorprendió, nos alegró y nos hizo dudar si podíamos llevar a cabo la promesa. Como no tengo responsabilidades familiares, ni financieras, usé mis tarjetas de crédito para pagar pasajes de avión, hoteles y bastante comida. Le pagué cash los tickets a un amigo que vive en Sao Paulo él y nos compró las entradas para el recital, antes que se agoten. Volví a Brasil, después de muchos años, para visitar amigos y con muchas ganas de vivir Lollapalooza en tierra de Neymar.


La primera pata de la gira sudamericana de Pearl Jam fue en Brasil y ahí comenzó todo.


Me levanté ese 26 de marzo a las 5:30 a.m para llegar al aeropuerto y tomar un vuelo que salía a las 9 a.m. El recital era el 31 de Marzo, por lo cual tenía varios días para conocer Sao Paulo y ponerme al día con Diego, uno de mis mejores amigos, con quien tengo una amistosa rivalidad infinita.
 
Como Diego vive, con su familia, en un muy lindo departamento, no tuve que gastar en hospedaje; así que con Marcos nos apoderamos del estudio en ese departamento y ahí generamos nuestra área. Sao Paulo nos recibió muy bien.

 


Después de almorzar unas hamburguesas caseras y tomar varias Heineken, nos fuimos a recorrer Sampa usando su gloriosa red de subte (limpia, segura, eficiente, un poco saturada, y con novedosas máquinas expendedoras de libros donde uno paga lo que considera justo).

 

Salimos a caminar y buscar librerías donde yo pudiese comprar libros de investigación de historieta, así como lo mejor de lo mejor de la historieta local. Las librerías y comiquerías de San Pablo son muy grossas.
 


Sao Paulo se me presentó como grande, cinética, una especie de Buenos Aires de los 90’s con esteroides, moderna, conectada, desarrollista, consumista, interesantísima, aunque cara para el bolsillo de un argento en 2013.

A la tarde, buscamos refugio de una lluvia tropical en una “choperia”, una especie de dinner estadounidense pero a lo brazuca: gente al paso tomando birra en una barra y comiendo sándwiches mientras miraban partidos de fútbol; la vida misma.

Mucha caminata, mucha charla, un cortado y un sándwich de queso a 12 Reales, algunas compras en el supermercado, innumerables y humillantes chiste de uno para el otro, los 3 Mosqueteros de Ramos Mejía habían vuelto.


De cena comimos arroz con farofa (un acompañamiento tradicional derivado de la harina de mandioca) y después nos fuimos a tomar más cerveza a un bar. Por una Stella de litro pagué 15 Reales, mientras que por una lata de Guaraná pagué 7 Reales (a veces se me da por rebajar la cerveza con gaseosa, como una “clarita” a la española).
 


Noté lo bien que está Brasil desde lo económico y como sociedad, más allá del “hipo” que pueda tener cualquier país sudamericano. Brasil invierte todo al Mundial, y a las Olimpíadas, apostando a maravillar a los capitales extranjeros, para luego recibir inversiones y reemplazar la cantidad de dinero que el Estado Brasilero se siente obligado a usar, para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos; y poder finalmente mostrarse como un confiable país desarrollista, productor de bienes y servicios. Es una jugada arriesgadísima y espero que les salga bien, y que luego del Mundial y los Juegos Olímpicos les empiece a entrar el dinero que ya no van a tener, para que el país siga en el buen camino. Si falla esa atrevida jugada, Brasil se expone a otra recesión más. Pero bueno, el que no se atreve no gana y Brasil tiene con qué jugar.

Es una pena que su economía nos resulte tan cara hoy día. Si no, muchos iríamos todos los años de vacación a Brasil. Están condenados a que nos guste su país y los respetemos, más allá de las ridículas diferencias culturales y futbolísticas.

Precios promedio del año pasado:
-         Cortado: 10 Reales.
-         Barra de Snickers: 4 Reales.
-         Chicles Trident: 1 Real.
-         Gatorade chico: 8 Reales.
-         Red Bull en lata: 10 Reales.
-         Coca Cola en lata en kiosco: 4 Reales (2 en Supermercado).
 

Finalmente nos preparamos con ir con Marcos rumbo al predio donde se desarrollaba Lollapalooza Brasil 2013!


En ese primer paso de Pearl Jam en su nueva gira latinoamericana, la banda de Eddie, Stone y Jeff la rompieron y, además de un buen set list, el público brasilero agita mucho y es casi tan bueno como el argentino.
 
 
 
 


La organización de baños y expendio de comida también estuvo a la altura del evento.

Me sorprendió la calma y el orden que hubo a la llegada al predio (resguardado con cientos de agentes de seguridad privada, todos con chombas negras y prolijamente rapados, que te daban cero ganas de bardearla) y a la salida.

La coherencia del Estado Brasilero (al menos las autoridades que gobiernan Sao Paulo) hizo extender una hora más el horario del cierre del subte, para que todos nos volvamos en subte a nuestras casas. Todo en orden y progreso, pagando boletos y sin saltar molinetes. Sao Paulo es una ciudad en serio y está lejos del desastre. 

Esa madrugada regresamos al departamento de Diego, hablamos un poco más y por la mañana nos tomamos el vuelo de regreso a Buenos Aires. Fue un viaje relámpago de concierto + amigos, que me ayudó a visitar al país hermano al que siempre quiero volver.

Teníamos un día para descansar y trabajar en Buenos Aires, y prepararnos para el 3 de abril, cuando Pearl Jam tocó nuevamente en Argentina.

 

Argentina – 3 de Abril de 2013.
  

Llegamos a Buenos Aires. Trabajamos un día, descansamos poco y nada, y ya estábamos en el auto con Marcos y Fede yendo al Pepsi Music, que anfitrionaba a PJ.


El festival claramente se llamó así porque no podía usar el nombre Lollapalooza al no cumplir con los mínimos requisitos de la marca. El problema es que ese día, el predio no cumplía con los mínimos requisitos de cualquier recital. Después de dos días de lluvias, el área cercana al campo estaba mal iluminada, no tenía señal de celular, no tenía una lógica cantidad de baños químicos y el campo era un lodazal.
 


Por militancia y afinidad Ramonera, Pearl Jam tiene una gran conexión con el público argentino, pero sobre todo por cómo agita la gente cuando viene la banda de la mermelada de perla.
 

La gente canta absolutamente todo, la sinergia es increíble, Eddie estuvo acá en 1996 y fue amor a primera vista, y Jeff es íntimo amigo de Fabricio Oberto, con lo cual la banda tiene muchas variables de vínculo con nuestro país. Aunque lo que más pesa es el amor, se siente el amor y eso no se mide.
 


La monada local explotó con Release y alcanzó un nivel supernova con Even Flow. Dos horas de recital más tarde, y con Eddie cada vez más conectado con la gente, maravillado, emocionado, convocado; el show cerró con Alive y Porch. Después de tanto agite, viajes y barro, no dábamos más y nos retiramos empapados de lodo. A las 48 hs nos teníamos que ir a Chile a experimentar la tercera pata de la saga.
 
 

 

Chile – 6 de Abril de 2013
 

Santiago de Chile es una ciudad donde me siento cómodo y a la que tranquilamente puedo volver. Y en menor medida lo mismo se aplica a todo el país. Por eso regresé sin dudar en Abril de 2013, siguiendo a Pearl Jam en su gira latinoamericana.
 
 
Visité Chile por primera vez en 2009, con una ex, y nos esperaba un auto privado para llevarnos al hotel. En 2013 fue el turno de viajar con uno de mis hermanos de la vida y tomarnos una combi en la puerta de la terminal, que nos dejó en pleno centro (Estación de Los Héroes) por 3 dólares.

El viaje de 30 minutos nos ubicó entre el Barrio Bellas Artes (que de bello sólo tiene el nombre) y el Barrio Brasil. Ambos lugares eran parecidos al Barrio de Constitución en Buenos Aires, razón por la cual decidimos seguir caminando por la Avenida Providencia, rumbo a la comuna de mismo nombre. Los hostels en el barrio Brasil eran baratos, pero ese lugar era complicado de noche, y como veníamos medio de lujo siguiendo a una banda, por qué íbamos justo a regatear el mango en el lugar donde dormir y dejar nuestras cosas…


Después de caminar bastante por la Avenida Isidoro Goyenechea, la Avenida Providencia y la Avenida 11 de Septiembre, decidimos quedarnos en el Hotel Las Flores: ubicado en Av. Antonio Varas 423, en el Barrio de Providencia. La zona es ideal y el hotel de tres estrellas era muy bueno. Entre dos pagamos 92 U$ por noche con desayuno incluido. La habitación tenía dos camas, baño con todos los servicios, ventilador, tv con cable, era limpio y seguro. Lo necesario ;)

Una vez que nos registramos, fuimos a comer a un comedero, a unas tres cuadras, llamado “Donde Panchito”, en la Avenida Varas casi 11 de Septiembre; y nos clavamos ensalada + lasagna + pan + vaso de gaseosa + una manzana, todo por 5 dólares. Raro el menú del día y raro el precio. Sostengo la idea de que Santiago no es más caro que Buenos Aires.

Por la noche, fue hora de caminar un poco más por Providencia. Yo cené una hamburguesa con Red Bull por 16 dólares y tomé un porron de cerveza Kuntzmann por 7 dólares, aunque todos los locales recomendaban tomar su particular bebida local llamada “Terremoto” (que mezcla vino tinto y helado). Me abstuve.

De noche está bastante bien caminar por Las Condes, pero si sos muy Nac & Pop seguramente te guste visitar “La Piojera”, que es un boliche con autentico sabor local.

En el segundo día, me fue imposible no pasar por un Domino Pizza para almorzar antes de ir al recital de Pearl Jam en el Parque O’ Higgins. Aunque pagar 23 dólares por una pizza grande de tres toppings + coca de litro y medio + una caja de panes de ajo, pueda parecer mucho, a veces la felicidad sólo sale ese dinero ;)
 

Para llegar al mencionado Parque tomamos el Transantiago Metro, que está aún mejor que cuando lo tomé en 2009. Aunque el pasaje de subte de 1,30 dólares pueda parecer caro, cuando se ve la inversión en la red de subte, se puede comprender el monto cobrado (si tenés 1,30 dólares para pagar por viaje…). 
 

Cuatro años y tres meses más tarde, el país estaba casi igual desde lo estético, pero políticamente ya estaban muy desanimados con Piñera (lógico, duh) y esperaban ansiosamente el regreso de Bachelet. De todas formas, a los chilenos – y su capital – los vi iguales que antes: imperturbables, limpios, civilizados, fachos, etc.
 


Una vez que llegamos al Parque, notamos que la organización y el predio eran dignos de Disney, totalmente lo opuesto al caos que fue la organización de Buenos Aires. La propiedad era limpia, todos los empleados estaban uniformados, los controles eran rigurosos pero fluidos, la cartelería era muy buena y el clima era ideal. El sol brillaba a las 4 de la tarde y de a poco se empezaba a juntar gente frente a los escenarios donde empezaban a tocar las bandas.
 


Estábamos debatiendo con Marcos a qué escenario deberíamos ir, cuando de repente empezó a sonar una banda con mucha fuerza, rock, funk y algo de blues. Sonaba The Alabama Shakes y su cantante nos atrajo como una sirena. En poco tiempo nos pusimos a comentar, con los que nos rodeaban, lo bien que rockeaba “la gorda” de los Alabama. Britanny Howard es la guitarrista, cantante y frontman de la banda. Esa mujer es puro rock, pura energía en estado sólido y como una médium que canaliza a Janis Choplin para el siglo XXI. No pude evitar mirar todo el show y comprarme una remera como recuerdo de ese satori, ese nuevo despertar rockero.
 
 

Después vimos a The Hives y digan lo que digan de Pelle Almqvist, el chabón es un entertainer hecho y derecho, y la banda deja mucho en escena. También vimos un poco de los Kaiser Chiefs y Queens of the Stone Age, bandas que suenan muy bien, pero a mí particularmente no me movilizan.
 


Hasta que llegó el momento de Pearl Jam. Con ese último recital yo sabía que se terminaba todo, pero era como lamentar que terminaba el Mundial antes de jugar la final. Y la banda de Eddie salió con todo. Arrancaron con Release y por cerca de dos horas no pararon de tocar.
 


Más allá de lo bien que suena, destaco que siempre están ocupados con la seguridad del público y que un poco la nota del recital fue cuando invitaron a un flaco cualquiera a tocar con ellos, y el chilote los siguió muy bien tocando la viola. Ese pibe puede morir en paz ;)
 


Con Alive y Baba se fue terminando el recital y la gente se empezó a alejar. Después de haber experimentado los tres países y shows, el balance final es el siguiente: en Brasil estuvo todo bastante bien organizado, sobre todo lo que compete a la organización afuera del estadio (y la banda tocó bien). En Argentina se tocaron todo y la monada enloqueció, pero la organización del evento fue la peor que ví en mi vida. Finalmente, en Chile el predio fue lo mejor, PJ tocó bien, pero el público agitó poco, y con eso se pierde mucho…
 


Una de las principales diferencias entre los tres recitales, es el tipo de gente que fue a Lollapalooza – Chile, eran todos clase media-alta, clase alta, o extranjeros; muy lejos del sacrificado argento a brasuca que hace lo que sea para tener su entrada e ir a agitar con los riffs de Even Flow.

La salida fue un poco accidentada por la cantidad de público que había y la impericia de los carabineros, a la hora de manejar una horda agotada después de un recital…(cosa que un servicio privado en Brasil supo lograr sin transpirar y con el máximo respeto).

Finalmente llegamos al hotel, armamos los bolsos y nos preparamos para el regreso al otro día. En teoría, la vuelta iba a ser como cualquier regreso a casa después de una vacación…hasta que mientras comprábamos cosas en el Freeshop del aeropuerto de Santiago, Marcos me dice: “Ese pelado es el plomo de la banda”. Mientras encaraba al pelado, también pensaba: “¿Y Marcos cómo carajos conoce a este plomo”. Cuando hablo con el plomo, le pregunto: “¿Dónde está la banda?”. “Por ahí”, me responde cuando escucho casi un susurro que salió de la boca de Marcos que pareció ser “Eddie”. Y ahí apareció Eddie Vedder.
 


Eddie para mí es un role model. Es el pibe al que le pasó de todo (a nivel familiar, personal y muchos etc) y supo convertir ese dolor en arte, en creación, mantener una cierta cordura discursiva con el paso de los años, un buen estado físico y una impronta a veces hasta amenazadora. Eddie es creación y furia contenida que se canaliza a través de la música, su familia, sus amigos, el escabio y el surf. El resto es todo gilada.
 


Ed inicialmente pasó entre los 8 fans que lo rodeábamos y dijo que no tenía tiempo (el resto de la banda andaba cerca pero en un estado muy agreta). Cuando se acercó a ver los horarios de su vuelo, vió que eramos nada menos que 8 giles y le volví a insistir con un: “Eddie, we followed you guys through Brazil, Argentina and now Chile. A picture means a lot to us”, el flaco se dio vuelta y me dijo: “ok”. Me cruzó el brazo y me saqué la foto con él. Después le saqué una foto a Marcos…y no le pude decir nada más. Yo que soy un tipo bastante bocón, ese día me quedé sin palabras. Fue mucho. Fue muy repentino. Y además lo ví humano. Lo ví más petiso que yo, con arrugas, teñido…cansado, humano. Me hubiese encantado poder decirle todo lo que escribí más arriba, pero a veces la vida te sorprende y uno sólo llego hasta cierto punto. Quizás nos volveremos a ver algún día y le podré decir un extenso “gracias”.

Eddie hasta le llegó a regalar una púa de guitarra a Marcos, y en un instante el resto de la banda desapareció (Matt no estaba, Stone es muy amargo – lo encaré 2 veces – y McReady…mete un poco de miedo, tipo “pibe, no me vengas a joder”…con una sola mirada).

Después nos cruzamos 5 veces a Jeff Ament (hasta en el baño) y yo ya lo jodía con que nos deje de seguir. Jeff sí fue el más humano de todos. Se sacó una foto con todos y preguntaba: “¿Está bien? ¿No quieren una más por las dudas?”. Otro pibe humilde que se crió en la loma del orto y a base de distintos tipos de música, skate y buenos amigos/decisiones, llegó a donde llegó. Eddie es uno de mis ídolos, pero Jeff sería amigo.
 


Y volvimos, y no la podíamos creer, y comencé a re pensar segundo a segundo cómo se dio todo y qué podría haber hecho o no…y ya estaba, ya había pasado, y gracias a Odín que pasó.

La idea de seguir a Pearl Jam fue una locura. Una de esas locuras que uno hace sin pensar demasiado e intentando equilibrar la balanza por algunas cosas chotas que nos habían pasado. Pero gracias a Zeus por las locuras, por los sueños, por las tarjetas de crédito, por los amigos incondicionales y por el compañerito de sala verde que me dijo en instancias distintas: “Dale, sigamos a la banda” y “Ese es el plomo de la banda”. Para mí esas frases las pongo al lado de “la pelota no se mancha”.

 

Los amigos incondicionales y el grunge no se manchan ;)




 

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Brasil 2013, un paso grunge entre amigos.


Viaje Grunge y Salomónico a Brasil (2013).
                                                         

En 1993 me mudé a Miami por el trabajo de mi viejo. Aunque en ese año empecé comiendo con mi hermano en la escalera, al año siguiente ya nos habíamos hecho algunos amigos y nos sentábamos en una mesa llena de latinos, en la clásica cafeteria de un High School estadounidense. Un día se me acercó un colombiano y me dijo si le podía interpretar las canciones de Divididos porque no las entendía. Le comenté que ni los propios argentinos entendíamos las letras de “la aplanadora del rock”, aunque nos encantaba la banda. Ahí nos pusimos a hablar de música y el joven Iair me pregunta: ¿Te gusta Pearl Jam? Debo confesar que en el 94’ la había escuchado pero no le había prestado atención, yo era más afín al palo hard core del Soundgarden inicial. Al otro día Iair me trajo un cassette grabado de “Ten”. Llegué a casa y me lo puse a escuchar. Once, Even Flow, Alive, Jeremy, Release, se me tatuaron al cerebro y la angustia y furia adolescente que me entró todavía permanece viva, aunque ya está cada vez más teñida de nostalgia. Ese fue mi despertar Grunge. Musicalmente para mí, ya nada sería igual.

Me gustaba Nirvana, me encantaba Soundgarden, pero amé a Pearl Jam desde ese día en adelante. Todavía conservo el cassette. Gracias Iair, dónde sea que estés.
 
 
En 2011 Pearl Jam regresó a la Argentina. Prometí con mi amigo Marcos que “cuando sea que vuelvan, los seguimos en la gira”. Little did we know que iban a regresar tan pronto, en 2013. Nos sorprendió, nos alegró y nos hizo dudar si podíamos llevar a cabo la promesa. Como no tengo responsabilidades familiares ni financieras, usé mis tarjetas de crédito para pagar pasajes de avión, hoteles y bastante comida. Los tickets se los pagué cash a un amigo que vive en Sao Paulo y nos compró las entradas para Lollapalooza antes que se agoten.


Volví a Brasil, después de muchos años, para visitar amigos y con muchas ganas de vivir Lollapalooza en tierra de Neymar.
 
 
La primera pata de la gira sudamericana de Pearl Jam fue en Brasil y ahí comenzó todo.

 
Me levanté ese 26 de marzo a las 5:30 a.m para llegar al aeropuerto y tomar un vuelo que salía a las 9 a.m. El recital era el 31 de Marzo, por lo cual tenía varios días para conocer Sao Paulo y ponerme al día con Diego, uno de mis mejores amigos, con quien tengo una amistosa rivalidad infinita ;) 

Como Diego vive, con su familia, en un muy lindo departamento, no tuve que gastar en hospedaje; así que con Marcos nos apoderamos del estudio en ese departamento y ahí generamos nuestra área. Sao Paulo nos recibió muy bien.


São Paulo, también conocida como San Pablo en el área del Río de la Plata, tiene 20.893.053 habitantes, según los datos del censo 2010, y es la segunda metrópoli del continente.

Sao Paulo es también el principal centro financiero de Brasil. Muchos opinan que es la mejor ciudad para hacer negocios en América Latina. También es llamada por los brasileños como la ciudad que no puede parar.

Un lugar destacable de esta Megapolis, es la Avenida Paulista: verdaderamente imponente y la Rodeo Drive de Sao Paulo. Esta avenida es el núcleo de esta metrópoli y el auténtico centro financiero, comercial y cultural de la ciudad. Empresas, bancos, los principales hoteles, hospitales, consulados, tiendas y museos se concentran en esta calle transitada por miles de personas todos los días. Además de ser un centro de entretenimientos y negocios, es un importante eje vial, porque conecta otras importantes avenidas de la ciudad. Por esta avenida nos metimos para tomar café y rastrear librerías/comiquerías donde comprarme cosas.

 
No éramos los únicos boludeando. El turismo hace circular en la ciudad cerca de R$ 8,3 miles de millones por año en viajes, hospedaje y transporte terrestre y aéreo. Y quienes viven ahí todo el año cuentan con una ciudad con una gran vida nocturna debido a que Sampa tiene muchísimos bares y boliches, sumado a 280 salas de cine y 50 tipos de estilos culinarios.

Así fue que en ese primer día, después de almorzar unas hamburguesas caseras y tomar varias Heineken, nos fuimos a recorrer Sao Paulo usando su gloriosa red de subte (limpia, segura, eficiente, un poco colmada y con maquinas expendedoras de libros donde uno paga lo que considera justo). Una de las razones que motorizaba nuestra caminata paulitana, era encontrar buenos libros vinculados a la historieta local y también comprar algo del nuevo cine brasilero.

 
Sao Paulo se me presentó como grande, cinética, una especie de Buenos Aires de los 90’s con esteroides, moderna, a veces de elite a veces normal, conectada, desarrollista, consumista, interesantísima, aunque cara para el bolsillo de un argento en 2013.

 
A la tarde, buscamos refugio de una lluvia tropical en una “choperia”, una especie de dinner estadounidense pero a lo brazuca: gente al paso tomando birra en una barra y comiendo sándwiches mientras miraban partidos de fútbol, la vida.

Mucha caminata, mucha charla, un cortado y un sándwich de queso a 12 Reales, algunas compras en el supermercado, los 3 Mosqueteros de Ramos Mejía habían vuelto.

 
De cena comimos arroz con farofa (un acompañamiento tradicional derivado de la harina de mandioca) y después nos fuimos a tomar más cerveza a un bar. Por una Stella de ¾ pagué 15 Reales, mientras que por una Guaraná pagué 7 Reales (a veces se me da por rebajar la cerveza con gaseosa, como una “clarita” a la española).

 
Como tengo 2 de mis mejores amigos viviendo en Brasil (Diego en Sao Paulo y Martín en Guaraparí), decidí ser salomónico y dividí la cantidad de días que iba a estar con cada uno, en partes iguales. Así que el 27 me desperté a las 5:30 a.m para desayunar y tomar un avión en el aeropuerto de Conghonas. Mi vuelo, con destino a Vitoria, salió a las 8:30 a.m y volé por cielo brasilero por una hora. Cuando llegué al aeropuerto, me tomé un taxi (32 Reales) hasta la Terminal (Rodaviaria) de Buses de Vitoria, para tomarme un  bondi (de la empresa Alvarada a 13 Reales) hasta Guaraparí. 

 
Finalmente apareció mi otro amigo en tierras brasileras: Martín. De la terminal me llevó con el auto para Praia Setiba, donde armó su propio restaurant y hostel: Playeros, ubicado en Avenida Vitoria, 2000 – 29222-130 Guarapari.

 
Son muchos los que dicen: “Cómo me gustaría mandar todo a la mierda, ponerme un hostel en Brasil y vivir en la playa”. Bueno, Martín es uno de esos pocos seres que arriesga absolutamente todo para ir atrás de un sueño. Sueño que es una realidad y donde lo encontré viviendo en paz, en un lugar casi ideal.

Guaraparí es una tranquila ciudad costera de Espírito Santo, Brasil. Es parte de Vitoria y está a 47 kilómetros al sur de la ciudad de Vitoria. El área es de 592 km² y tiene cerca de 105.000 habitantes. Es una ciudad principalmente utilizada por el turismo local, pero que no debería ser desestimada por el turista internacional que quiere relajar.  
Con grandes playas curvas de arena blanca, Guaraparí es parte de la costa que incluye a Vila Velha y Vitoria, de donde se destaca la playa donde paré yo: Setiba, una reserva natural en perfecto equilibrio ecológico, que cuenta con una importante población de aves, cangrejos y tortugas marinas.

 
Una vez que llegué al hostel, desempaqué y en seguida me puse a trabajar. Martín es un excelente cocinero. Muchísimo de lo que se, a la hora de cocinar, lo aprendí de él. Como ahora tiene una cocina muy equipada a su disposición, después de pasar por un supermercado para comprar stock para los clientes del fin de semana, nos metimos en su súper cocina y preparamos varias ensaladas, camarones frescos cocidos al disco, y los bajamos con cerveza. Día de sol, vista a la playa, amigos, cocina casera de primer nivel, la vida es eso mismo.

 
Incluso con la puesta de sol, cuando quienes viven en el hostel se tuvieron que poner a laburar para los clientes del próximo día - y por qué no de esa noche - yo me fui a caminar, meditar, tomar fotos, juntar una jauría de perros abandonados que rápidamente se hicieron amigos y ver cómo venían las olas para ver si me animaba a surfear después de mucho tiempo.

 
Más allá de que quería ver a uno de mis hermanos de la vida, también necesitaba descansar. Mochilear y aventurear me encanta, pero también es necesario bajar un cambio. En esa primera noche dormí 9 horas seguidas y desayuné un cortado con cookies caseras recién sacadas del horno. Una prima de Martín tenía una panadería en Londres. A la panadería no le iba tan bien y ella necesitaba un cambio. Cuando se enteró que Martín abrió “Playeros” en Setiba, negoció con él y se fue a vivir al hostel y ser la panadera oficial por un largo tramo. Los dulces que cocinaba “Jen-Jen” son la gloria misma.

 
Casi completamente aislado del mundo, sólo a veces agarraba señal con la tablet de Martín para chequear mi Facebook o ver qué catzo pasaba en el mundo (Ej: la muerte de García Ferre), mientras yo sólo dormía, leía, corría y morfaba en el paraíso que uno de mis mejores amigos supo construir.

 
Martín es una de las pocas personas que admiro completamente. Me supera en casi todo y es un excelente amigo, consultor financiero y maesse de cocina. Así que cuando me veía aburrido leyendo “Guia Politicamente incorreta da America Latina”, me llamaba a la cocina para que lo ayude a cocinar; lo cual para mí es un placer porque Marty sabe en serio. Entre los dos sacamos un pollo al maracuyá con una ensalada tropical, que incluía mango, pepino, palta, zanahoria y tomate. Además del siempre presente arroz con feijoao (porotos negros).

 
Después de almorzar, ver como algunos huéspedes hacían kite-surf y poder correr 8 km por la playa, me tiré a nadar y luego a leer “A Historia dos Quadrinhos do Brasil”. La vida en Setiba era básica…y perfecta. Alrededor de las 7 p.m, también venía un amigo de Mary Jane y con eso como aperitivo nos preparábamos a cenar (Costillas de cerdo, con papas caramelizadas y suco de Aceroa).

 
Ya en mi tercer día, era uno más ayudando en el hostel y logré conocer bastante de Guaraparí. Aunque parece un pueblo, es una ciudad hecha y derecha. Ese día decidimos hacer empanadas de pez con curry, de jamón y queso, y luego bajarlas con caipirinhas. Aunque todo lo preparábamos pensando en los clientes, como buenos cocineros probábamos todo lo que hacíamos ;)

 
Para bajar el almuerzo me fui a explorar y encontré la Lagoa de Carais, donde el océano atlántico pasa por arriba de la arena y se mete en la laguna, para aumentar su caudal, cuando sube la marea. Hermoso lugar.

 
Después de haber caminado casi dos horas, volví al hostel para ayudar a cocinar unos sándwiches BLT y aprender a hacer alfajores (los surfers locales comen muchos sándwiches con sus cervezas y flashean con los alfajores con cortado).

 
Mezclando hip-hop de los 90’s, Calle 13, salsa de los 90’s y finalmente Buena Vista Social Club, me pasé la tarde cocinando, hablando de inversiones y haciendo de DJ, hasta que nuevamente nos sorprendió el ocaso con un agradable fresco climático.

 
La exaltación báquica era a toda hora. Relajábamos un rato, comíamos, hablábamos, y después volvíamos a cocinar para los huéspedes que podían venir a la noche (además de nosotros porque después del aperitivo de la tarde, siempre nos agarraba hambre ;) Así que preparamos tapas de humus, distintos quesos, feijoao con bacon y unas milanesas de berenjena. Todo bajado con mango con ron.

 
Por las noches, como soy demasiado noctámbulo – y yo no me tenía que despertar temprano – me clavava una o dos películas. La producción brasilera “Os 3” me gustó mucho más que otras producciones de Hollywood (como Shame), que aunque tienen mucha inversión, a veces su relato termina con gusto aguado.

 
Playeros es un restaurant/hostel simple pero muy cómodo. La clave es que el lugar está construido por sus dueños. En su año “0”, Martín venía caminando con su socio y dijo “que lindo reciclar ese restaurant abandonado en la playa y poner uno nuevo con hostel”. Al año siguiente, parte de su familia ayudaba en la construcción, los socios armaban muebles e instalaciones de todo tipo, gestaban el marco legal, sumaban a Jen-Jen y armaban un menú práctico para los que vienen a disfrutar de un día de playa, y también para los que deciden quedarse unos días. Yo amaba desayunar todos los días con un cortado y un jugo de fruta distinto (goiaba, melacia, mamao, maca, kaqui, etc).

 
Además de la barra para comer adentro, afuera hay muchas mesas y reposeras donde uno puede descansar y comer (y todos los muebles los construyeron de materiales reciclados y quedaron mejor que unos nuevos). Las habitaciones para parejas o compartidas son todas nuevas y todas tienen lockers y ventiladores, porque el aire acondicionado ahí no es necesario. Por la noche incluso hay que abrigarse.

 
Playeros tiene casi dos playas privadas porque al estar en la punta de Praia Setiba, una formación rocosa separa a la amplia playa surfer, de otra más tranqui. Ir a esa ciudad y al hostel de Playeros es para desconectarse en serio. Es para ir en pareja o para recuperarse de un “estresaso”. No hay que buscar diversión, la diversión aparece sola, o simplemente uno se queda ahí para reponerse y volver renovado a la jungla de concreto.

 
El 31 de Marzo me despedí de todos y volé de nuevo hacia Sao Paulo, para ir a ver a Pearl Jam, y pasar algunos días con Diego y Marcos.

 
De regreso a Sao Paulo noté lo bien que está Brasil, más allá del “hipo” que pueda tener cualquier país sudamericano. Brasil invierte todo al Mundial y a las Olimpíadas, y apuesta a maravillar a los capitales extranjeros para que ellos inviertan en el país. Así el Estado Brasilero dejaría de sentirse obligado a invertir en bienes y servicios para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y se mostraría como un confiable país desarrollista y productor. Es una jugada arriesgadísima y espero que les salga bien, y que luego del Mundial y los Juegos Olímpicos les empiece a entrar el dinero que ya no van a tener para que el país siga en el buen camino. Si falla esa arriesgada jugada, Brasil se expone a otra recesión más. Pero bueno, el que no arriesga no gana y Brasil tiene con qué jugar.

 
Es una pena que su economía nos resulte tan cara hoy día. Si no muchos iríamos todos los años de vacación a Brasil. Están condenados a que nos guste su país y los respetemos, más allá de las ridículas diferencias culturales y futbolísticas.

Precios promedio del año pasado:
-          Cortado: 10 Reales.
-          Barra de Snickers: 4 Reales.
-          Chicles Trident: 1 Real.
-          Gatorade chico: 8 Reales.
-          Red Bull en lata: 10 Reales.
-          Coca Cola en lata en kiosco: 4 Reales (2 en Supermercado).

Finalmente llegué a Sao Paulo y después de pasar una tarde de Los 3 Mosqueteros de Ramos en el Barrio Chino de Sampa, nos preparamos con ir con Marcos rumbo al predio donde se desarrollaba Lollapalooza Brasil 2013!

 
En ese primer paso de Pearl Jam en la gira, la banda de Eddie, Stone y Jeff la rompieron y, además de un buen set list, el público brasilero agita mucho y es casi tan bueno como el argentino.

 
Me sorprendió la calma y el orden que hubo a la llegada (con cientos de seguridad de prolija chomba negra y cabezas afeitadas, que no te daban ganas de bardearla ni un poco) y a la salida. Al ingreso y al egreso todo fue controlado por un personal que parecía sub contratado pero que era de primer nivel. La coherencia del Estado Brasilero (al menos el que gobierna Sao Paulo) hizo extender una hora más el horario del cierre del subte, para que todos nos volvamos en subte a nuestras casas. Todo en orden, pagando boletos y sin saltar molinetes. Sao Paulo no será una “ciudad con buena gente”, pero es una ciudad en serio.

Esa madrugada volvimos al departamento de Diego, hablamos un poco más y por la mañana nos tomamos el vuelo de regreso a Buenos Aires. Fue un viaje relámpago de concierto + amigos, que me ayudó a visitar al país hermano al que siempre quiero volver, a encontrarme con hermanos de la vida y a seguir a la banda a la que seguiría una semana más pero por Buenos Aires y finalmente Santiago de Chile (con una cereza de la torta de la que en breve voy a escribir). La Vanguardia Grunge es así!




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