Lanitauta, número 0, Volumen 2.



                            Interrupción - Latinauta: ¿Turista o Viajero?

Como en el número “0” de un comic, la entrada de este mes es un buen “jump-in-point” para aquellos que nunca leyeron el blog, o no saben muchos datos de quien lo escribe ;)

Así que voy a repasar cómo se desarrolló Latinauta a partir de un TOP TEN que define cuándo uno es turista, cuándo uno es un viajero y qué tipo soy yo:

La semilla del amor a los viajes y la aventura, se plantó y germinó durante mi infancia y adolescencia, gracias a muchos relatos familiares o a los libros que leía. Sin embargo, es a partir de 1998 cuando me hago amigo de unos canadienses que me convencen de empezar a dar clases de inglés en institutos, empiezo a ganar más o menos bien, dejo el negocio de cómics, y me pongo a trabajar de profesor. Empiezo a ganar dinero en serio, empiezo a viajar.

Ese año, no me acuerdo por qué razón, mi viejo no soporta verme con cara larga varios días seguidos y me dice: “No aguanto más que vivas con cara de culo. Te consigo un pasaje y te vas de viaje”. “¿Conocés Ushuaia?” – preguntó. “No” – respondí, sorprendido. “Listo, hacete tiempo y andate allá un tiempo. Te va a gustar”- remató.
Es el día de hoy que calculo que no era para sacarse el problema de encima, pero era su manera de generar una solución fácil, y quizás acertada. Así que como yo ya daba clases de inglés, y manejaba mis horarios, me pedí dos semanas en el instituto donde trabajaba y me fui para Ushuaia.
En retrospectiva, es en éste viaje que nace el Latinauta, fue concebido en el viaje a Ushuaia del 98’, por más que haya nacido en el viaje rumbo a Perú del 99’.



Otra de las partes de la creación del Latinauta fue mi lectura del libro: “Viajes y Experiencias de Michael Crichton”. En 1998 yo leía comics, ciencia ficción, y otros libros que marcaba el canon literario, y mis amigos de la época, dentro de los cuales Crichton no estaba bien visto. Incluso hoy día. Pero como era una biografía, Crichton fue médico y yo había leído un par de novelas “serias” del autor, me animé a comprar y leer este libro, aunque el entorno se burlase. Y con sólo leer las primeras páginas ya no me importaba que me fuesen a cargar, me atrapó su historia de vida y el estilo del libro.



En ese momento de mi existencia, fue uno de los libros más inspiradores que había leído y recuerdo que mientras lo leía, me embargaba una sensación de que hay que pelear por los sueños, de que todos podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos o que no hay que tirar la toalla en la vida ya que por muy absurdo que sea algo, si te gusta, lo tenes que hacer.
Así que ese libro es otra de las semillas que con el tiempo brotó y es una de las razones por las que escribo. En primera instancia porque me gusta hacerlo y lo necesito. En segunda instancia porque me gusta comunicar cosas que otros pueden querer saber y porque hay suficiente gente que me dice que le gusta lo que escribo.
Desde ese viaje a Patagonia comencé a contarle a otros, cómo eran esos lugares a donde muchos no pueden ir, intentando retomar la posta de esos viajeros nomades que con el tiempo se volvían grandes contadores de historias.


Ahora, cuando viajas, ¿Sos Turista o Viajero? Sigo con el TOP TEN de las cosas más importantes que aprendí después de conocer 14 países a lo largo de 15 años:

1- En algún punto te das cuenta que viajar, ya no es curiosidad, es parte de tu vida. Ya no es un vicio, es parte de quien sos. Mientras muchos amigos ahorraban para sus casas o familia, yo siempre postergué eso porque no pedía evitar viajar. No podía evitar desafiar lo desconocido, no podía evitar viajar para contarlo. Ahora que me acerco a los 40, me engaño y digo que es hora de sentar cabeza…hasta que en alguna conversación salen destinos como Pamplona, Alaska, Tokio, y la cara me cambia, no puedo parar de sonreír, y me doy cuenta que no voy a poder parar – si lo puedo hacer económicamente – vivo así y me gusta. Lo importante no es descansar, descansar es difícil, lo importante es estar en algún lugar, pasear no importa, estar es lo que cuenta. Hablar con su gente, con la de a pie, la que es más real, comer y vivir a su par (aunque yo tenga más o menos beneficios). Comer lo que haya, dormir donde sea, viajar cuando se puede, alejarse del confort del hogar, alejarse de lo fácil. Descubrir que a veces estás en un lugar y no podes parar de sonreír. No la podés creer y te da ganas de canalizar a Héctor Alterio y gritar honestamente: “La puta, que vale la pena estar vivo!”. Viajar no es para una vacación, es un estilo de vida.



2- La mayoría de la gente del mundo es buena. Los políticos enfrentan a sus pueblos y el pueblo a veces es cómplice de las acciones de los políticos. Sin embargo, todo lo malo que se pueda hablar de un inglés se va al tacho del momento que salimos de lo general y pasamos a un particular. No importa de qué parte del mundo sea la persona, cuando se tratan entre individuos, todos somos muy parecidos. Casi iguales. Somos un gran pueblo, una gran tribu que es asustada y manipulada por sus caciques, nada más, nada menos. El mundo está formado por la gente, y el mundo podrá ser hostil, pero individualmente, uno a uno, la gente es común, predecible, asustadiza y buena. Todos quieren estar en paz y tener lo necesario para sobrevivir. Las ciudades que uno visita tienden a ser más seguras que donde uno vive. Claramente Managua parece una ciudad apocalíptica y se la ve muy insegura. Sin embargo, la última vez que me robaron a mano armada, fue frente al Unicenter Shopping en Martínez. Incluso los rateros de mi cámara en Ecuador tuvieron la decencia de robarme sin amenazarme (me di cuenta horas después cuando llegué al hotel). Este tipo de situaciones no te dan licencia para ser idiota y andar regalado con un moño en la frente por la vida, hay que manejarse con cuidado, pero incluso en lugares complicados como El Salvador y Honduras, la gente generalmente es amistosa, decente y ayudan cuando pueden (Del continente, los Cubanos son mis favoritos).


3- El resto del mundo no sabe ni le interesa lo que pasa en Argentina. Salimos de una matriz con demasiadas inseguridades, nunca nos vamos a sentir plenamente de esta tierra latinoamericana. Somos italianos que hablamos español, que nos queremos vestir como los franceses, tener el poder de los ingleses y la eficacia de los alemanes. Nos cuesta un huevo ser simplemente argentinos. Cada vez que viajo, muchos me preguntan: “¿Y qué opinan en México de los Argentinos?” y yo siempre respondo, “¿Y vos qué sabes u opinás de los Mexicanos?”. Como suelo recibir silencio, mi respuesta es sonreír y hacerle notar a mi interlocutor que no somos tan importantes. Si Argentina se hunde en el Atlántico, la tierra sigue girando y otra nación tomará la posta en pedantería e inseguridad de carácter.


4- Se puede viajar con muy poco dinero. Supongamos que no tenes mucho dinero, pero sí tenes acceso a muchas tarjetas de crédito, con 12 cuotas sin interés, ya tenes asegurado el pasaje. Para moverse adentro de los países (sobre todo en Latinoamérica), se puede ir por transporte público o a dedo desde México hasta Tierra del Fuego. La mentalidad social de nuestro continente está preparada para que millones de personas puedan transportarse grandes distancias a precios accesibles. Para dormir siempre hay hostels accesibles, la red de amigos que uno hace, couchsurfing, o tirarse a dormir en estaciones de micro y aeropuertos. Fueron muchas las veces que por unas 6 o 7 horas ni loco me pagaba un hotel, así que me iba a una estación de micros segura (o un aeropuerto como el sumun de la seguridad, confort y limpieza) y me tiraba a dormir ahí el tiempo que tenía que matar. Comer también es accesible. Comer en la calle siempre es barato. Comer lo que sea. Y si tenes alguna habilidad callejera u oficio, podes hacer dinero mientras viajas y viajar aún más, o incluso comer gratis dependiendo de dónde trabajes. Se puede viajar por muy poco dinero, si queres confort, seguridad y limpieza, o quedate en casa o gastate un billete.


5- Aprendé a empacar y moverte rápido. Estar en buen estado físico suma mucho. Llevar una mochila equipada de más de 15 kilos es un delirio. Todo lo necesario para viajar se puede llevar en ese quilaje. Hay que saber qué es lo vital que uno tiene que llevar y viajar liviano para subir tu equipaje a cualquier lugar o poder picar atrás de un micro que se te va, sin esfuerzo alguno. Hablo de un viaje de mochilero normal en situaciones convencionales que no implique climas adversos, porque ahí sí es necesario equipo especial que tiende a ser pesado. Para viajar (por 15 días digamos), yo llevo: 1 jean puesto y uno de repuesto. 5 remeras y una puesta. 1 par de zapatillas y una puesta. 5 juegos de ropa interior (incluyendo medias) y uno puesto. 1 buzo, 1 campera liviana, 2 libros, 1 mapa, 1 cámara de fotos, 1 Victorinox, 1 kit de primeros auxilios y pastillas de todo tipo, DNI + Pasaporte, 1 gorra, 2 linternas, efectivo y tarjetas distribuidas en 3 lugares distintos y un anotador con lápiz y lapicera. Nada más y nada menos. Y si me apurás, hasta te puedo sacar algo de ropa. Todo se puede lavar en un Laverap de camino o en un baño con un jabón blanco. La mochila vacía no debe pesar más de un kilo y medio.


6- Los viajeros y los turistas son distintos. Los turistas intercambian dinero por experiencias pre masticadas para su consumo. Consumen experiencias preparadas sin dejarse atravesar por la cultura local (dejemos el chiste fácil, atravesarse desde lo comunicacional digo ;) Los viajeros experimentan más, arriesgan más, pierden más pero también ganan más. El viajero nunca juega a lo seguro. El viajero se manda. Es todo un perpetuo “vamos viendo”, más allá de las guías de Lonely Planet que muchos abrazan como la Biblia, pero que en definitiva sólo sirve de poco. Los viajeros se mezclan con lo local, comen en sus comederos, cuentan sus monedas, comparten sus transportes, hablan con sus modismos. El viajero sabe que un viaje no es una vacación, es como un trabajo sin paga. Viajar conlleva esperar muchas horas en estaciones de micro, viajar innumerables horas en micros comunes, comer lo que haya, donde sea y a la hora que de, cambiar de ciudad y cama cada menos dos o tres días, tener una logística siempre variable y nunca seguro. La palabra seguro no existe. Planear y hacer presupuestos es algo diario. Caminar, caminar y caminar, es muy de viajero. No apuestes a encontrar un paraíso, quedan muy pocos y generalmente están copados por turistas. El viajero cuenta el mango y hace sumas todo el tiempo (de guita, de horarios, de compañías, hasta de los forros que te pueden quedar). Al viajero le importa estar y la aventura. Yo soy un viajero.


7- No te preocupes por viajar solo, se puede evitar. Si no tenes quien te acompañe en un viaje, quedarse es la salida fácil, hay que viajar, hay que largarse; si paras en un hostel, siempre encontrás con quien viajar. Los hostels siempre ayudan a la compañía. Hablar inglés ayuda mucho y eso me sirvió para tener compañeros de ruta de todas partes del mundo, pero como todos sabemos la regla de la “seguridad en números”, no es loco pedirle de viajar juntos a cualquier hasta tal punto. Yo lamentablemente siempre viajo solo, pero nunca estoy solo todo el tiempo. Siempre me acompaña alguien en distintos tramos, y gracias a Facebook muchas amistades se solidifican con el tiempo. Es común hablar con otros viajeros, y hasta turistas, en micros, estaciones, restaurants, plazas, playas, etc. Un simple: “¿Vos para dónde vas? ¿Te puedo acompañar?” no sólo abre la puerta para dejar la soledad de lado (sin el contacto social morimos poco a poco) sino que compartir gastos y seguridad es muy beneficioso. Eventualmente cada uno sigue su destino y uno recupera la necesaria autonomía, o la simpleza de estar solo para tirarse un pedo en paz. Pero mientras dura la compañía, siempre suma.


8- Moverse rápido es una necesidad, aunque sea cansador. Solamente se justifica quedarse más de 3 días en un lugar, si uno encontró algo demasiado atractivo para no abandonarlo (olas de puta madre, una buena pareja, etc). Si no te gusta un lugar, o no se siente bien, seguí camino. Si te gusta, quedate poco, vivílo y seguí. Para descansar está el hogar o nuestros años de viejo. Mientras haya nafta y ganas en el tanque, hay que moverse. Únicamente rompí mi regla en México por los dos ejemplos que mencioné. Si no, generalmente llego, estoy, absorbo, documento y sigo. Es normal llegar de viaje a casa y enfermarse. Cuando uno viaja, uno no descansa y está con todos los anticuerpos a full. Cuando uno regresa a su hogar, uno está roto y se enferma. Es normal. I’ll sleep when I’m dead ;)


9- Hay que tener una actividad en el viaje. En mi caso, soy periodista y escritor wannabe, así que me resulta normal escribir crónicas de viaje, lo más completas posible. Además de viajar, conocer, comer, dormir algo y leer, uno debe tener una actividad que te centre y te saque del foco del viaje un rato. Una profesión móvil es ideal para hacer una actividad y ganar algo de dinero. Estudiar o practicar un deporte son opciones viables para hacer durante un viaje. Un hobby como la fotografía también complementa los viajes. El mito de la isla paradisíaca es fallido, porque a los 2 días no hay una mierda para hacer y te querés ir.


10- Cuando todo te irrita, o todos los días sentís que “no das más”, es hora de volver a casa. Todo el movimiento, el stress de la logística de los viajes, el dinero, las locaciones distintas, la inseguridad en general, llevan a que uno se agote. Y viajar mucho no sólo agota sino que hasta puede aburrir. Mi tiempo ideal de viaje sería de 10 días, aunque siempre viajo 21 días y llego agotado y angustiado, a veces. Tiro demasiado de la soga y lo se, pero yo se hasta cuándo puedo tirar. Cuando ya empezas a extrañar una cama, una ducha caliente, tus comidas típicas y hasta tus padres, ya está, es hora de volver. Hacer terapia y viajar son las mejores formas de conocerse a uno mismo. Quizás ese es el punto trascendental de estar en esta tierra, conocerse y estar en paz con quien uno llegó a ser…y en lo posible, ayudar a otros. Pero no pidamos demasiado, empecemos por uno, por conocernos verdaderamente; no somos santos, ni turistas, apenas si somos humanos y seguramente viajeros. Viajar te da comprensión del ser, valorar lo que uno tiene en casa y lo que a uno lo hace feliz.


Así que no viaja el que no quiere (a no ser vivas en una villa miseria, donde estarías complicado, pero no ajeno a hacer dedo y empezar de nuevo). Todos podemos vender cosas que no necesitamos, pedir prestado, trabajar el doble y eventualmente dejar de decir “tengo ganas de…”, para pasar a decir “me voy a…”. Vida hay una sola y el tiempo pasa demasiado rápido en este mundo que tiene demasiado para ofrecer, seas turista, viajero, cipayín o Latinauta.




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