Ecuador 2013, otro regreso del Latinauta (parte II).


              Ecuador me mata (2013) Parte II.              
 

El 15 de febrero, en la ciudad de Baños, me desperté a las 7:30 a.m y a las 9 a.m estaba saliendo de Geo Tours hacia el lugar más impactante que he visitado en mi vida: La Selva Amazónica. El tour de 2 noches con guía, por la selva secundaria, me salió 100 dólares. Ese precio incluía al guía, el transporte, las comidas, el hospedaje selvático y las visitas. También fueron parte de la troupe las canadienses Erin y Elesa, la gringa Sarah y mi compañero de habitación el argento Cuyen Giovachinni (quién me dio sus 100 U$ en cash y yo pagué por los 2 con Visa, para estirar aun más mi efectivo disponible, recursos de mochilero bien).

Luego de casi una hora en una van, salimos de la ciudad de Baños y comenzamos a penetrar las zonas del Amazonas que tienen rutas, hasta que finalmente llegamos a los refugios de la selva, junto a nuestro guía: Carlos. Nos empapamos de lo natural, nos reconocimos fuera de la civilización, nuestros celulares ya no tenían señal y lo único que nos iba a mantener en esos días eran los víveres, nuestro apetito de aventura y Carlos. Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a un zoológico ubicado en ese primer anillo amazónico (la selva secundaria es donde hay algunas especies salvajes, hay rutas cerca y está algo controlado, en la selva primaria hay que ir con más gente, equipo y armas, por la pluralidad de animales salvajes de grandes dimensiones y hasta para cuidarse de los indígenas rebeldes que han violado a varias turistas; según contaba nuestro mismo guía). Todo era enorme e impactante. Estaba en otro planeta.

 
Después de la visita al zoo amazónico, un poco de trekking y experimentar con las propiedades de la flor de Hibiscus (no sólo es buena para la piel, sino que la hibiscus que hay en el Amazonas también es buena para regular la hipertensión, el aparato respiratorio, el aparato digestivo, evitar la caída del pelo y combatir la fiebre), ayudamos a Carlos a cocinar Tilapia, para nuestro almuerzo. La Tilapia es un pez hermano de la Piraña, pero más carnoso. Así que envolvimos en hojas de plátano los peces que nos habían dejado unos indígenas amigos en el refugio y los cocimos al vapor, condimentados con un poco de manteca y especias (riquísimo).



Por la tarde hicimos otro paseo de trekking rumbo a los criaderos de pez Paiche. El pez Paiche está en extinción y en sus reservorios crecen de acuerdo al espacio en el que están. Al tener dimensiones medidas, en sus piletones improvisados en el terreno, el pez  Paiche llega a medir 60 cms de espesor y 3 metros de largo…pero sueltos en el Río Amazonas, y con temperaturas más altas, se han capturado peces Paiche de 1 metro de espesor y hasta 7 metros de largo: los que estaban en los piletones y los esqueletos que nos mostraron de los que lograron capturar selva adentro, confirmaron que lo que nos dicen de chicos son mentiras: los monstruos sí existen! Los peces Paiche son nombrados así por un río afluente del mismo Río Amazonas.

 
Lo interesante de la naturaleza es que no se puede controlar completamente. Aunque hayamos estado en la selva secundaria, los animales salvajes grandes no tienen un chip que les impide pasar; no lo hacen porque los matan, capturan o les sobra comida selva adentro. Lo mismo no aplica para las serpientes y todo tipo de insecto que sí está constantemente presente.
Fueron varios los encontronazos de serpientes que nos pasaron entre las piernas o rastros de su reptaje que se veían a la luz del día. La noche nos jugó una mala pasada cuando caminamos por arriba de un hormiguero que nos pico mal las piernas, y de no ser por la rápida acción del guía para frotarnos las piernas con una planta, la excursión se hubiese suspendido. Semanas después de ese día, todavía tenia las ronchas y sentía el acido de las hormigas amazónicas.

 
Con el atardecer de ese primer día en el Amazonas Ecuatoriano, visitamos la comunidad indígena Cotococha, que subsiste de la caza, pesca y las visitas guiadas (donde venden artesanías y medicinas naturales). En la Amazonía Secundaria hay cerca de 20 tribus. Mientras compraba una arcilla para la piel y uña de gato para mi estomago, con el equipo canadiense hablé de los “reconciliation treaties” de Canadá, donde se intentó compensar algo del mucho abuso que recibieron los indígenas en el país. Toda compensación siempre es tardía y se queda corta. No compensa la guerra psicológica, las torturas y el ninguneo que incluso hoy sufren dichas comunidades. Incluso en uno de los países más civilizados del globo…

 
El Amazonas impresiona. Primero el silencio, a no ser tengas un rio cerca. Después el cielo estrellado, que podés observar desde ese sitio completamente verde, donde la ausencia de elementos “civilizados” es casi total. Y finalmente que te rodee el todo. Es como estar varado en la mitad del mar. Estás dentro de algo enorme, y de alguna manera te lo recuerda. Te recuerda que vos sos una visita, que sos un grano de arena en un enorme arenero. Que sos minúsculo, pero sos parte del todo. “Sentite extraño, pero sentite, estás ahí y sos parte del todo. No te olvides”, parece que te dijera el Verde. Conocer "los árboles que caminan" también te hace sentir minúsculo. Estos árboles que en varios años se mueven algunos metros (en búsqueda de luz solar o más humedad), me hacían recordar a los bosques encantados de muchas mitologías, donde habitan espíritus naturales más sabios que uno. Esos espíritus estaban, y nos permitían dormir en su ceno sólo un rato.


En ese primer día, para la cena, comimos fideos con pesto y sopa. Tomar sopa en Ecuador (antes o después de las comidas) es tan común como tomar mate en Argentina. Y francamente, aunque sólo hacía una semana que estaba en la tierra de Correa, ya me había acostumbrado tomar sopa a toda hora y de todo tipo. Ese primer día nos fuimos a dormir a las 22 hs porque al otro día nos íbamos a despertar bien temprano para hacer trekking y llegar al límite de la selva primaria.

 
El 16 de febrero me desperté en el Amazonas a las 8 a.m. Único. Desayunamos cargado, preparamos nuestras mochilas y nos fuimos todo el día de trekking. Caminamos cuesta arriba y cuesta abajo, entre el lodo, columpiándonos con lianas - para cruzar arroyos - y descansamos bajo una impresionante cascada. Lamento no haber llevado mi traje de baño y me tuve que tirar al agua en unos boxers Calvin Klein – que una vez que se mojaban, quedaban poco sexy – pero bueno, la vanguardia de la moda amazónica es así ;)

 
En un parate, en un momento de descanso, hablando tranquilamente con Erin Black (recordando qué es lo importante en nuestras vidas), volví a conectarme con la matriz de todo. Después de mucho tiempo, me volví a conectar a ese campo quántico natural en el que elijo creer. Una vez hablé con uno de mis mentores y le pregunté por qué a veces nos sentíamos conectados al campo quántico y en paz, y por qué a veces no (debo confesar que he sentido la conexión a veces mientras corro, a veces cuando escribo y siempre cuando surfeo), y uno de mis maestros de vida llamado Neil (quien fue mi profesor de Religiones Comparadas en Canadá) me explicó que todo pasa por un tema de respiración y paz mental. En el medio del Amazonas, no había manera de no sentirlo, tenes que estar muy mal para sentirte desconectado y no parte del todo. Pocas veces me sentí tan irracionalmente feliz. Estaba feliz, en paz y no sabía bien por qué, pero era innegable.

 
Después de haber sentido la conexión con el todo (cada uno en sus tiempos, de manera espontánea y no como un grupo de auto ayuda), nos bañamos y zambullimos en la cascada, y nos divertimos tirando clavados. Al límite con la selva primaria vimos yacarés en los ríos y luego decidimos volver en canoa por el río Pastasa para regresar al refugio, de otra manera.

 
Una vez en el refugio, almorzamos Patacones con pollo al vapor, mezclados con arroz y vegetales al vapor. Por la tarde, seguimos de trekking y fuimos a probar distintas plantas para distintos usos medicinales: algunas para la piel, otras para las vías respiratorias, la buena digestión y hasta para que las chicas regulen el ciclo menstrual.
 
Al anochecer, y luego de dos días enteros en el Amazonas, volvimos a la ciudad de Baños escuchando a Moby y Manu Chao.

No es para todos el Amazonas, aunque sea en la selva secundaria, cualquier cosa puede pasar. El calor y los insectos molestan y hasta dañan, los animales salvajes pueden estar al acecho siempre, estás aislado del mundo y cualquier herida seria te acerca más al otro mundo que a este...pero la aventura es así, la sentís, te mandás, te preparás y mucho no pensás; lo hacés, la vivís. Vivís...si no simplemente existís. No fue un “hasta siempre”, fue un “hasta luego”. Nos volveremos a ver.

      
Esa noche nos bañamos en el hostel (todos parábamos en el mismo: Plantas y Blancos, quizás el mejor hostel de todo Ecuador). Esa noche nos encontramos en el puesto al paso llamado Hickory, para comer hamburguesas y tomar gaseosas, ya de regreso y abrazando esos defectos del sistema del cual uno se hace adicto. Más allá de que las hamburguesas son muy buenas ahí, y que cada ‘combo’ estaba 4 U$, lo bueno del Hickory es que está abierto hasta tarde; porque todos los restaurants cierran a las 11 p.m. (y ese día más que nunca por la veda electoral).

 
Decidí quedarme un día más, ser testigo de cómo se desarrollaban los comicios electorales ahí (desde que aterricé en Ecuador, sabía que Correa iba a arrasar en las elecciones) y recorrer una de mis ciudades favoritas en el país. Desayuné cargado en el hostel (French toasts y té por 3 U$), despedí a Cuyen que seguía camino a Quito, alquilé una bici por el día a 8 U$ (en 16 de diciembre y Luis Martínez) y me fui a recorrer: la Ruta de las Cascadas, la Cascada del Silencio, la Cienaga y el Salto de Agoyan.


Todos recorridos que vale la pena visitar, sobre todo si uno está en estado y puede ir en bicicleta. Salí de la ciudad de Baños e hice 8 de los 21 kilómetros de la Ruta de las Cascadas. Tres horas completas de pedalear cuesta arriba y cuesta abajo, donde además de destacar el mencionado recorrido me encantó cruzar el túnel de 300 metros que pasa por debajo de un cerro. Genial ;)

 
Una de las compras obligadas del viaje (esa misma mañana), fue la de una cámara de fotos. Después que me robaron la cámara al cuarto día de visita al país (y con 8 días pendientes), no me quedó otra y me compré una Fuji de 14 pixeles y 4 GB de memoria (con estuche a 180 U$) para safar, no ostentar mucho y que no me vuelvan a afanar.

Después del recorrido por las cascadas y el centro de Baños, me encontré con el equipo canadiense en Casa Hood donde tomé sopa de vegetales, unas papas bravas y ice tea por 6 U$. Me quedé el resto de la tarde y noche caminando y hablando de las elecciones y de la vida con parte del equipo amazónico, hasta que llegó la noche y me fui a dormir a una habitación compartida con otros 5 mochileros, para dormir y salir temprano al otro día rumbo a Quito. Despedí a mis compañeros de aventura del Amazonas y prometimos seguir en contacto. Facebook hoy nos permite hacerlo. Seguimos todos en contacto.
 
Si bien me podría haber ido a la tarde, llegar a la capital a las 12 a.m. no me parecía el mejor plan, así que dormí una noche más y al otro día me fui a una de mis metrópolis favoritas en Latinoamérica. Me despedí de Baños pensando que es una ciudad donde uno puede quedarse muchos días más de lo planeado y hasta montar un negocio y vivir un tiempo. Ciudad turística y mochilera, buena onda y con muy buenos restaurants que invita a que uno permanezca más de la cuenta. Adios Baños.

 
Hola Quito. Cuando uno entra en la capital, la altura se siente, pero no al nivel de La Paz donde te aborda un cansancio instantáneo, en Quito más bien sentís que algo no está bien (la falta de aire), pero yo me sentí apenas cansado o mareado, como cualquier viernes en Buenos Aires donde el cuerpo te empieza a pasar factura por la semana.

 
Quito, capital del Ecuador, está rodeada de grandes volcanes, formada por calles y casas coloniales, y es una ciudad donde la gente trata de conservar sus coloridas tradiciones. Localizada en las montañas Andinas al pie del volcán Pichincha a 9200 metros sobre el nivel del mar, Quito tiene un clima primaveral durante todo el año. El clima en los Andes cambia según la altitud y el tiempo del año. En esta capital la temperatura varía entre 7 grados centígrados (55 F.) en la noche, y los 26 grados centígrados (78 F.) al mediodía; con promedios de 15 grados centígrados (64 F.). Hay dos estaciones, la lluviosa y la seca. Se llama invierno a la estación lluviosa y verano a la estación seca. El verano de Quito dura aproximadamente 4 meses, de Junio a Septiembre.


Originalmente llamada San Francisco de Quito, esta es la segunda ciudad más grande y poblada de Ecuador. La fecha de su primera fundación es incierta; aunque los registros más antiguos se hallan en la hacienda del Inga alrededor del año 10.300 a.c. El Inca Huayna Capac convirtió a Quito en una ciudad importante del norte del Tahuantinsuyo. Se utiliza la conquista española de la ciudad, el 6 de diciembre de 1534, como su nacimiento.


Quito es el centro político de la República, alberga los principales organismos gubernamentales, culturales, financieros, administrativos y comerciales del país. En la actualidad, el origen del nombre de la ciudad es debatido, ya que existen diferentes explicaciones sobre su creación. Según la historiadora Anne Collin, este proviene de una mitológica tórtola de una antigua leyenda aborigen conocida en lengua quichua como quitus.

 
Toda la ciudad y el distrito metropolitano se encuentran entre los estilos contemporáneo y colonial, que se están reconstruyendo constantemente día a día. El modelo desarrollista de Correa es notorio ya que se realizan obras necesarias en todos lados. La estructura moderna se mezcla con la colonial donde los residentes nacionales y los visitantes extranjeros encuentran siempre un lugar para trabajar, disfrutar y recordar. Quito está colmada de significados que la identifican y definen, ocupa laderas o baja a los valles, serpentea a través de callejones y se abre en amplias avenidas; zigzaguea, sorteando colinas y quebradas. Dentro de las principales anotaciones que destacan los turistas están la amabilidad de la gente quiteña, la majestuosidad de un paisaje lleno de volcanes nevados, y el frío húmedo de montaña, que extraña mucho a los extranjeros pues se acompaña de una sensación térmica muy baja sobre todo por las noches.

Entre de los atractivos turísticos de la ciudad, está la loma de El Panecillo, en la que se encuentra la estatua de laVirgen de Quito, inaugurada el 28 de marzo de 1976. O el Teleférico, o como le dicen localmente, el Telefériqo (con q de Quito), que permite acceder a Cruz Loma (a 4 200 msnm).

 
En la zona de Guayllabamba, se encuentra el Zoológico de Quito, que alberga pumas, jaguares, osos, monos, leones, venados, cóndores, guacamayos, caimanes y canguros, entre otros. Los valles de Los Chillos y Tumbaco tienen también atractivos, tanto para los habitantes de Quito como para los visitantes. En los mencionados valles, se puede encontrar un clima cálido muy bondadoso para la salud, además de platos de comida típica como hornado, yaguarlocro, fritada, etc.

Para los que busquen actividades de aventura, deportes extremos y adrenalina en Quito está el parque extremo más grande del Ecuador, ubicado en la parroquia de Nayón en San Pedro del Valle, a tan solo 10 minutos del norte de Quito y del Valle de Cumbayá. Es un parque eco-turístico de 5 hectáreas donde se practican deportes como el Canopy, el Paintball y Rapel. También se encuentran caminatas por la naturaleza, pistas de bicicletas y juegos para todas las edades. Un paraíso de la naturaleza con paisajes únicos y un clima privilegiado dentro de la ciudad. Otra actividad es asistir a ver un partido de fútbol en el Estadio Olímpico Atahualpa, donde suele jugar la selección nacional de Ecuador y Deportivo Quito de la Primera División.

 
La ciudad de Quito cuenta con más de 450 establecimientos gastronómicos (entre restaurantes, bares y cafeterías), los que ofrecen una gran diversidad de estilos culinarios. Desde los establecimientos reconocidos por su comida típica ecuatoriana hasta los sabores de las altas cocinas francesa, italiana o argentina. Para los turistas que llegan a la ciudad, existe una gran herramienta que los puede ayudar a encontrar el lugar ideal donde ir a comer, tomar un trago o un café; ahí podrán encontrar establecimientos gastronómicos por tipo de comida, precio promedio, ubicación y/o ambiente. Quito posee alrededor de 2.239.200 habitantes, según el último censo ecuatoriano, conducido el 28 de noviembre del 2010 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Quito es la segunda ciudad más poblada del país, después de Guayaquil.

 
 
En Santiago de Chile es notorio que siempre de un lado están las montañas. En Quito es directamente impresionante que en todo momento te rodeen las montañas. Un día después de las elecciones presidenciales, y en plena capital, se notaba la tranquilidad (no felicidad, felicidad es otra cosa) de que había ganado Correa. Ecuador es uno de esos países que necesitan un líder fuerte, con imagen familiar fuerte, con un notable desarrollismo, que se vea en todas las esquinas y en todas las rutas. Correa eso lo cumplió y por eso ganó. Es innegable que hay un antes y un después en Ecuador, gracias a Correa. El electo presidente le hizo muy bien al país, y no es ningún boludo. Sabe como pararse desde lo social, pero también sabe muy bien como pararse desde lo económico. Y creo no decir una locura si observo que Ecuador en muchos aspectos está mucho mejor que Argentina. Aunque haya impuestos altos, y casos de corrupción, Ecuador tiene una economía estable que se apoya mucho en sus recursos naturales y en el uso del dólar como moneda nacional: una jugada arriesgadísima, pero que acá Correa la sabe llevar. Por otro lado la oposición no existe. Es más ridícula e infantil que la de Argentina. La oposición ecuatoriana es la antinomia al poder. Literalmente se pronuncian en contra de todo lo que hace el gobierno nacional sin sustento alguno. Cuando Correa prohibió que se venda alcohol los días domingos (por razones de seguridad y vialidad), la oposición automáticamente salió a decir que si ganaban ellos “la gente va a poder tomar todo lo que quieran y cuando quieran”. Infantiles.
 
El 18 de febrero salí a las 8 a.m del hostel de Baños, me fui a la terminal terrestre y a las 9 a.m estaba en el micro rumbo a Quito (pasaje de Vía Norte a 3 U$). El viaje de casi cuatro horas me dejó en la terminal terrestre de Quito que parece un Shopping y de ahí me tomé un taxi rumbo al Mapple Hostel, uno de los más recomendados de Ecuador, aunque no es el mejor, safa. Por haber llegado en pleno mediodía, tuve demasiado tráfico y terminé pagando un viaje de taxi de casi una hora que me costó 12 U$. Demasiado dinero para gastar en una hora, pero la seguridad y la mala fortuna a veces cuesta caro. El viaje en taxi me tendría que haber salido lo que me salió la noche en la habitación: 8 U$. La habitación compartida tenía lo que la mayoría de los hostels: cama marineras, locker, baño compartido, cocina compartida y un televisor con cable en el living del hostel. Por suerte, enfrente del hostel hay una picadería donde se almuerza barato (llamada La Bombonera) y comí arroz con carne, ensalada, sopa de lentejas y jugo de Tamarindo por 2 U$. Comer en los lugares populares y salir con la panza llena es muy barato. En Ecuador no se especula, no se quiere ganar el 500% a todo (como en Argentina) por eso algunas cosas parecen baratas. No lo son, son precios no especulativos.
 
El resto de la tarde la pase caminando por toda la ciudad, especialmente en los lugares más civilizados como las Avenidas Colon, 6 de Diciembre y el Parque Fuch.

       
Ese día terminé cenando en el “Texas Chicken” (la respuesta ecuatoriana al KFC). Lo particular de este restaurant es que te sirven a la mesa pero uno no usa cubiertos, sino guantes plásticos para poder comer el pollo y las papas con las manos ;) El “combo vaquero” de una pechuga + ensalada de col + papas fritas + arroz + una gaseosa Fioravanti, me salió 4 U$, el standard para un menú de comida rápida.

 
Quito tiene áreas que me recuerdan al Miami de los años 80’s, sumándole modernismo y más latinidad. Esta ciudad tiene zonas turísticamente importantes en el perímetro de las calles Reina Victoria, Av. Amazonas, Av. Foch y Av. De la Patria. Ese es el núcleo turístico y lo ideal es parar en un hostel/hotel por ahí, porque salir de ese sector (de noche) puede ser inseguro. En Ecuador no hice grandes compras. Compré algunos recuerdos y regalos, pero pocas cosas para mí (sí un libro de cocina ecuatoriana a 2 U$, un cinturón a 5 U$ y algunas buenas remeras a 15 U$ + dvds truchos en caja a 2 U$). En la capital me tenté y compré en el Shopping llamado “El Jardín Circular”.

Quito de noche no es peligroso, pero hay que andar con cuidado y no mostrarse temeroso. Los criminales serán cobardes pero son como los perros y huelen el terror de la presa. No por nada los negocios cierran a las 9 p.m y a las 11 p.m ya no queda nada abierto excepto un que otro bar. A partir de las 23 hs recomiendan no estar por la calle, excepto en el mencionado perímetro turístico.

 
Al día siguiente me moví nuevamente por el área más turística, además de la zona del arco de La Circasiana y el distrito comercial (12 de Octubre y Av. Colón). Ese día decidí irme a la Mitad del Mundo, en las afueras de Quito. Llegué ahí tomando varios colectivos Marco Polo interurbanos, que son tan malos como los nuestros e igual de inseguros. Al igual que en Argentina, el pasaje está subvencionado y sólo pagué 25 centavos de dólar. Para llegar ahí tome un bus hasta la Av. Colón y la Av. América (25 c), otro hasta la estación de Metrobus llamada “La Ofelia” (25 c) y otro más hasta la Mitad del Mundo (15 c). El Parque de La Mitad del Mundo vale la pena la visita y sus 2 dólares de entrada. Está muy bien preparado a nivel comercial y turístico. Aunque tardé 2 hs en llegar desde el centro hasta dicho destino (en taxi tardas 40 min. pero pagas 40 U$), y te come la mitad del día en llegar y recorrer, si estuviste en el punto más sur del continente (un punto en el que estuve en Ushuaia), tenía que venir a visitar la Mitad del Mundo. Algún día llegaré al punto más norte, en Alaska ;)

 
En un restaurant del predio de la Mitad del Mundo, finalmente comí Cui. El cui es un enorme roedor que en Ecuador se come a la parrilla. En la calle sale 3 U$, pero yo elegí comerlo en un lugar más aséptico y pagué 10 U$ por comerlo sentado, acompañado de unas papas a la huancaína. El cui no es para enloquecer, pero a falta de pollo, tranquilamente podría comer cui una vez por semana.

 
Es difícil usar la tarjeta de crédito, porque no muchos locales usan tarjeta, pero aunque acá no haya cuotas, el dólar plástico me salía 7 pesos, mientras que el cash arañaba los 9 pesos. Así que como estoy muy acostumbrado a tomar un cortado por la tarde en  Buenos Aires, en Ecuador me pedía un “expresso con leche” cada vez que veía un local de Coffee Tree, porque tiene buena calidad de café y lo sirven bien. Además me compré un kilo torrado de café de arábiga ecuatoriana, para tomar una vez que este en casa.
 
Después de la Mitad del Mundo y un coffee break, pasé el resto de la tarde visitando los edificios de gobierno, el Palacio Presidencial, la Plaza Principal, el centro histórico y la imponente catedral de Quito. Si bien, en general, la policía de Ecuador trabaja de policía (y no de manejar chorros, como en Argentina y México), en las zonas no turísticas se notan los guachines al acecho, así que en algunas zonas me manejé con viajes cortos en taxi a 2 U$, para sacarme un poco el moño de la cabeza y no estar tan regalado.

  
Por la noche, me la jugué caminando por las Av. Naciones Unidas y la 6 de Diciembre, hasta el mencionado Estadio Atahualpa y compré comida para cocinar y traer a Buenos Aires (aunque todavía tenía casi una semana de viaje por delante). Esa noche cociné en el hostel y me maté viendo partidos en Fox Sports hasta casi quedarme dormido en el sillón del área común.

Desde mi viaje a Cuba, me hice adicto a los jugos de piña y en Ecuador encontré un refrescante elixir de ananá llamado “Quíntuple”. Como en B.A, comprar comida y cocinar, a veces sale lo mismo que comer afuera, pero esa noche sentía que tenía que cocinarme y dejar de comer cualquier cosa porque mi estomago me reclamaba algo de calma. El Maple Hostel no será muy céntrico, pero considerando todo lo que ofrecía, era barato.
Después de cenar y chequear la Internet gratis del hostel, me fui a dormir porque al otro día me despedía de Quito y seguía con la parte final de mi viaje en Ecuador: bordear toda costa ecuatoriana, visitar sus playas y conectarme con el campo cuántico a través de surfear una que otra ola. Mi tiempo de descansar y mandarme por lugares donde no tenía referencia alguna, estaba a unas pocas horas de viaje. Todavía faltaba la costa, todavía faltaba el mar, todavía faltaba descansar a menos de una semana del regreso.

 
 
CONTINUARÁ

 



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