Uruguay 2008, tan cerca y tan lejos.


Empecemos con la verdad. Uruguay no me volvía/vuelve loco, al igual que sus habitantes. Siempre tuve mis reservas acerca de dichas tierras y vecinos. Sin embargo, en 2008 una de mis ex parejas se negó a acompañarme a viajar a Colombia, pero aceptó venir a la tierra de los botijas. Así que como desde 1999 decidí viajar exclusivamente por nuestro continente, y nunca había estado en Uruguay (excepto en Colonia), decidí pisar tierras charrúas en una vacación que llegué a disfrutar y recomendar.

Salí un 19 de Enero en un ferry de Buquebus hacia Colonia y ahí tomé un bus con destino a La Paloma. Aclaro que la crónica la voy a escribir en singular, porque quien me acompañó ya no es parte de mi vida. La idea era descansar 7 noches en La Paloma y 2 noches en Montevideo. Hace 5 años pagué el pasaje de ida B.A-La Paloma a 1300$, y el cambio del momento era 1 peso argentino = 6,20 pesos uruguayos / 1 dólar = 20,80 pesos uruguayos.

Inicialmente el viaje comenzó de manera positiva porque había arcades en el ferry a 1,50 $ la ficha, y pasé mucho tiempo recordando cómo jugar a las maquinas que fulminaba en el primario. Dicho ferry era muy cómodo, amplio, los pasajeros bastante civilizados, y entre video juegos, comida y material de lectura, el viaje de 5 horas se me hizo corto. Hice el transbordo de ferry a bus y viajé otras 5 horas rumbo a La Paloma. Estas últimas horas en micro sí me resultaron un poco aburridas, pero por suerte puedo dormir donde y como sea.
A simple vista, La Paloma me pareció casi ideal: pequeña, con los servicios justos y necesarios, y calma. Dicho lugar es óptimo para ir y descansar. Es un batido de la costa argentina, con Puerto Escondido de México, con costa uruguaya, sin el comercio insoportable de un lugar turístico y con las gotas necesarias de uruguayanidad.


La ciudad fue fundada el 1° de septiembre de 1874, y se destaca por su tranquilidad y la extensión de 20 Kms de sus playas. La población permanente es de 4000 habitantes, pero tiende a aumentar a 30.000 en los meses de verano (enero-febrero), con la llegada del turismo. Su nombre se debe a que el Cabo Santa María era una punta muy temida por los navegantes, y desde lejos debido a la cantidad de rocas y la espuma de las olas, parecía verse la silueta de una paloma.

El balneario consta del casco viejo, donde se encuentran las edificaciones residenciales más antiguas, cerca del Faro de La Paloma y frente a la Isla de La Tuna. Alrededor del casco viejo se encuentra el nuevo centro de La Paloma, con construcciones más recientes que se extienden a lo largo de la avenida principal, la Avenida Solari. Las viviendas son de estilo alpino, de diseño francés, la mayoría son para el alquiler. La Paloma tiene distintas playas con diferentes características (con rocas, con olas, de aguas tranquilas, profundas, zonas de pesca). Algunas de ellas son La Aguada, Costa Azul, La Balconada, Anaconda y El Cabito.

Destaco que, al menos hace 5 años atrás, me pareció muy seguro, sin policías y hospitales a la vista, lo cual o bien reflejaba la paz del lugar, o los mostraba como un lugar improvisado para el turismo argentino. Hoy me sigo inclinando por la primera opción, más allá de que como todo territorio turístico que crece, la polución criminal y comercial es inevitable. En dicha ciudad me hospedé en el Hotel Yerutí, cerca - y alejado a la vez - de la parte más céntrica de la ciudad. Esa noche cené una milanesa napolitana con papas fritas a 30 pesos argentinos.

La Paloma es un sitio para vacacionar en busca de la calma. La calma a veces no va de la mano de la diversión, y eso hay que tenerlo en cuenta. Es un lugar para ir en pareja, y/o con hijos de hasta 12 años, donde la rutina de desayunar, ir a la playa, salir a caminar, salir a cenar, y no mucho más, sea parte del plan de relajar. En pareja se puede ir a tomar a muchos de los bares que hay, que aunque sean un poco más caros que en Buenos Aires, el que quiera ahorrar en vacaciones, que se quede en su casa viendo televisión. Para salir con hijos se puede ir a muchas de las heladerías y tiendas de regalos que hay en las calles principales. De las heladerías, recomiendo a “Popi”.
Es posible despertarse tarde y almorzar solamente con lo que uno puede comprar en una de las muchas rotiserías que sirven comida argento-uruguaya. Mi idea fue: dormir + almorzar liviano + merendar un cortado con una factura y cenar fuerte (bueh, como vivo en Buenos Aires ;). Así que – por ejemplo - mientras que al mediodía almorzaba una tarta de choclo con una 7Up a 5 dólares, a la noche cenaba un filete a la plancha con fritas y Pepsi por 40 pesos.

Si bien la comida es parecida, generalmente los que cambian son sólo los nombres. Lo que ellos llaman Frankfurter, nosotros le decimos pancho. Lo que ellos llaman galleta, nosotros le decimos librito de panadería. Los que nosotros llamamos bife de chorizo, ellos los nombran Entrecot. Y así…Ah, un pancho ahí y acá - en ese entonces - estaba 3 pesos. Qué tiempos aquellos…

La mayoría de los bares sólo sirve cerveza. Y si hablamos de cerveza en Uruguay, la reina es la Pilsen. Para mi gusto, es muy aguada, pero hay otras marcas importadas a mayor precio. Generalmente yo caía en el Pub llamado “Bla bla blá” a tomar un “refresco”, o un trago, ya que no sólo quedaba cerca de mi hotel, sino que preparaba tragos, además de vender cerveza.


Una de las visitas obligatorias en La Paloma, es la Feria Artesanal, donde hay todo tipo de regalos. Además del Bla bla blá, por las noches tomaba en el Bar Orange distintos tipos de tragos a 12 pesos argentinos. La ciudad también tiene un mini cine y muy cerca hay una parrilla argentina. De todos los lugares a los que fui a comer, mi favorito por precio y atención era uno llamado La Farola, que se ubica en la “doble vía”.
En la mayoría de las playas hay balnearios organizados, guardavidas y barras para tomar tragos. En algunas pocas, hay hasta canchas de fútbol y voleibol. Se puede ir caminando hasta el Faro o la Base Naval, y La Paloma también tiene una playa surfer, pero está bastante alejada del centro playero palomense. El mar, al menos ese mes, estaba atípicamente planchado, para lo que es el Cono Sur. La arena era linda y uno se podía quedar hasta tarde en la playa, o caminando, porque a todos lados se puede llegar a pie o con un colectivo. El transporte público en la ciudad circula hasta la 1 a.m.

Al menos en ese entonces, y a simple vista, el 60% de los turistas de La Paloma eran uruguayos, podríamos decir que un 35% era argentino, y un sorprendente 5% era estadounidense. Aunque es principalmente un destino para la clase media-media, o media-alta, frente a la terminal de micros hay un grandísimo camping donde se aloja la mayoría de los turistas que llegan gasoleros. Muchos de los que viven en ese camping son los hippies y mochileros que venden sus artesanías en La Paloma, o en las ciudades cercanas. Sin embargo, en la ciudad no hay venta ambulante y toda venta artesanal está organizada en una feria cerca de la terminal de ómnibus, o en la gran feria artesanal que se sitúa en el corazón turístico.
Después de unos cincos días en La Paloma, decidí estirar las piernas y pasar el día en Cabo Polonio. Desde la terminal hasta Cabo Polonio pagué 25 pesos, y una vez ahí tuve que pagar otros 25 pesos para que unos camiones nos acerquen a las playas y sus dunas.


Cabo Polonio es un parque nacional, y un balneario también, ubicado en el departamento de Rocha. Se encuentra muy cerca del balneario de Valizas y tiene tres pequeñas islas frente a su costa conocidas como islas de Torres. En las mismas se encuentra una importante reserva de lobos marinos, los cuales pueden ser vistos desde la costa o desde el Faro de Cabo Polonio. Dicho faro fue construido e iluminado en marzo de 1881. El camino alternativo al Cabo, es  entrando por la playa del balneario de Valizas, y cruzando a través de las dunas. El tramo es de 8 Kms, entre una y tres horas a pie. Hace falta un buen estado físico y elegir la hora de sol más adecuada.


Yo disfruté de los 20 minutos de viaje – en camión - de la terminal, pasando por las dunas, hasta la playa; y pasé el resto del día caminando y sacando fotos en este pueblo pesquero, plagado de hippies. Como hay servicios elementales, hay restaurantes y comederos básicos y baratos también. El lugar invita a comer pescado. Sorpresivamente, los restaurantes del lugar aceptaban VISA, pero como en todo Uruguay, con un gasto mínimo de 80 pesos. Algo atípico – pero lógico – de este pueblo, es que ante la escases de agua dulce, hay que pagar 1 peso argentino (ahora deben ser 2$) para usar el baño, si uno no consume nada en el recinto.

La población estable del pueblo es pequeña, conformada principalmente por pescadores, artesanos y el personal estable del faro. En temporada turística (enero-marzo) cuenta con varios restaurantes abiertos, posadas y casas para alquilar. Las viviendas no cuentan con energía eléctrica, salvo los lugares con grupo electrógeno propio o el faro. Cabo Polonio es un lugar seguro, donde los turistas pueden vacacionar en total distensión. Hay un destacamento policial en el balneario y servicio de atención médica.


El estilo de vida sencillo y distendido del Cabo es accesible a diversos presupuestos, y en los meses de temporada media y baja se pueden encontrar buenas ofertas. Cabo Polonio no tiene cajero automático; el banco más cercano está en Castillos, a 35 Kms. Es recomendable llevar dinero en efectivo (preferiblemente pesos uruguayos). Luego del paso por este pueblo que me dejó gusto a poco, dormí una vez más en La Paloma antes de irme rumbo a Montevideo, a pasar mis últimos dos días en Uruguay.


En abril de 2006, Montevideo fue calificada por la consultora Mercer Human Resources Consulting como la ciudad en América Latina con la mejor calidad de vida, en el puesto setenta y seis a escala mundial sobre un total de trescientas cincuenta ciudades. Sus 2.000.000 de habitantes, agradecidos.

Además de caminar la ciudad se puede ir de shopping a 3 paseos de compras importantes: uno está ubicado cerca de la playa de Positos, el otro está al lado del Sheraton y el shopping Tres Cruces, cerca de la terminal de ómnibus. Ahora - quizás - debe haber más y mejores.
Las palabras shopping y Montevideo, no deberían estar vinculadas por asociación. Eran pocos los shoppings que había, la ropa era importada de Argentina o eran trapos como los que se encuentra – en general – en Chile. Muchos de los negocios de venta, en Montevideo, están situados en galerías comerciales que atrasan 30 años.

En dicha capital me hospedé en el Hotel Alver, sobre la avenida 18 de Julio. Recuerdo que 5 años atrás me pareció caro pagar 58 dólares una habitación doble con desayuno, para lo que era el hotel – que era como uno de 2 o 3 estrellas de los que hay por Avenida de Mayo.

Aunque me moví principalmente de la Avenida Américo Ricaldoni hasta Plaza Independencia, la zona más linda la ubico en el barrio y la playa de Pocitos, que me recuerda a Olivos en Buenos Aires.


En Montevideo tuve mi mayor contraste y choque, si se quiere, con lo Uruguayo. Hasta La Paloma veníamos bien, pero salvo La Rambla de Montevideo (excelente área), el resto de la ciudad me pareció demasiado gris. Como los uruguayos. La capital parece una constante extensión del barrio de Congreso (con algunas mejoras) y aunque tengan una buena gastronomía, es en general, un país al que le falta color. Le falta originalidad. Todo es tenue y tranquilo. Y la tranquilidad es buena, pero hasta cierto punto. El servicio al cliente es cansino, insuficiente. Creo que los peores ravioles con salsa del mundo los probé en Montevideo. El sushi Montevideano es bastante mediocre. Mucho del país, y de su capital, me parece desganado, a media máquina. Y además choca con su discurso que nunca se hace cargo de la guerra de la triple frontera, de ser un paraíso fiscal, de su alianza a U.S.A y sus beneficios Tax-free, de su dependencia mediática-comunicacional-de moda-materias primas y turismo argentino.

No pretendo que al escuchar a un argentino se arrojen al piso en plegaria, pero desde su discurso me choca la autosuficiencia apócrifa en la que se embanderan. Hacen las cosas bien, sí. Pero no las hacen solos. Y las podrían hacer mucho mejor…
Montevideo fue apenas más barato que La Paloma. Destaco, que en su gastronomía capitalina tengan una mayor oferta de pescado, en comparación a la Argentina, y que haya platos distintos como la “Húngara” (salchicha parrillera ofrecida en todos lados). Lamento, que sean parte de la tendencia global donde no sólo se pierde lo autóctono (parece que todos quieren ser gringos, cansinos), sino que dejan ir lo poco local que desarrollaron.

En Uruguay sentí que era todo menos. Lo bueno y lo malo: Menos inseguro, menos especulativo, menos acelerado, menos sucio, menos pobre…pero también con menos recursos, menos servicios, menos territorio, menos producción, menos glamour, etc.



  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS
Read Comments