Cuba 2007, Pequeña Gran Nación.


Cuando pa’ Cuba me fui (2007), Parte I (La Habana).


La principal razón de mi viaje a Cuba, fue el deterioro de la salud de Fidel. Fidel Castro estaba muy enfermo y los rumores de que se moría en pocos días parecían concretos. Como disfruto de la historia, la política y viajar, me pareció acertado pasar mis vacaciones en Cuba y presenciar el momento histórico, si es que se daba. Sí, tuve un interés histórico-morboso de visitar la isla. Por suerte, Fidel todavía no murió, y si bien su enfermedad me alejó de mi esquema de sólo visitar la Latinoamérica continental, nada me hace arrepentir de ese viaje a Cuba.

La razón secundaria de ese viaje, solamente la conocen los que son muy amigos, y nada mejor que dejar algo de intriga en un relato…

Aunque estaba en pareja, la invité y no quiso venir, así que me fui de todas maneras porque como periodista, de profesión y alma, sentía la obligación casi moral de estar ahí, si es que Fidel se iba y las primeras variables de cambio se empezaban a ver. A los pocos días de estar en la isla, me di cuenta que con o sin Fidel, la estructura de poder cubana está tan bien construida, que no hace falta uno de los Castros para que el modelo se siga aplicando.

Viajé un martes 13 de febrero de 2007 vía la ya extinta aerolínea Lloyd Aero Boliviano, en el vuelo 932 que salió de Buenos Aires e hizo una primera escala en Santa Cruz. En tres horas de vuelo, leí un poco y me puse a hablar un rato con Macaya Márquez y el Pollo Vignolo, que viajaban rumbo a Bolivia para relatar/comentar a Boca vs Bolivar. Después de hablar con los colegas deportivos, me puse a hablar con un grupo de bolivianos que viajaban rumbo a Panamá (nuestra próxima escala), para promocionar una bebida frutal “que es pura vitamina y te aleja del alcohol”, como me contó uno de los recuperados. Los tipos no paraban de predicar las bondades de la bebida, mientras tomaban y tomaban ese menjunje verde espeso, que en definitiva sólo les sirvió de reemplazo de una cosa por otra. Reemplazaron el alcohol por la bebida de pura vitamina. Una adicción por otra. 

Las cinco horas de vuelo de Santa Cruz a Panamá las pasé leyendo mi guía Lonely Planet Cuba y dormitando un poco. Después de una breve escala en Ciudad de Panamá, con dos horas de vuelo más, aterricé en La Habana. Había llegado a Cuba.



La “República” de Cuba es un país asentado en el mar Caribe. Su isla principal, es la más grande de las Antillas Mayores y tiene origen orogénico. También forman parte del archipiélago la Isla de la Juventud y una multitud de cayos o pequeñas islas. Entre estos cayos se destacan: Cayo Coco, Cayo Guillermo, Cayo Largo del Sur, Cayo Jutía, entre otros. Al norte del país se encuentran Estados Unidos y Bahamas, al oeste México, al sur las Islas Caimán y Jamaica, y al sudeste la isla La Española.

Cuba ocupa el puesto 51 en el “Índice de desarrollo humano”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (el cuarto entre los países latinoamericanos, después de Chile, Argentina y Uruguay). Me gustaría conocer cuáles son las variables que juntan a estos cuatro países…



Desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959), el sistema político de Cuba es el de una democracia popular; es decir un estado socialista convencional, con una socialización (estatización y en ocasiones, cooperativización) de los medios de producción. Por casi cincuenta años, el país fue dirigido por Fidel Castro, primero como primer ministro (1959) y luego como presidente del Consejo de Estado, el máximo órgano ejecutivo, y el Consejo de Ministros (1976), actualmente al mando de su hermano Raúl Castro. La actual Constitución de Cuba, reformada en 2002, establece que Cuba es un Estado socialista de forma irrevocable, impidiendo cualquier modificación del régimen socioeconómico. La Constitución dice en su artículo 5: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”. Como verán en mis relatos, no todo es como lo pintan las propias leyes de este pequeño gran país.

El primer contacto con el cubanismo (al que estoy completamente acostumbrado porque me crié parcialmente en Miami), fue a través del cambio monetario. Uno generalmente llega a un país y cambia algo de dinero en el aeropuerto, para empezar. En Cuba, de una, tenés que cambiar dos veces de moneda porque hay dos monedas paralelas.

1 dólar representaba 1 CUC, o moneda nacional convertible. Pero ese CUC (que sólo usan los turistas o quienes trabajan con el turismo), representa 24 pesos cubanos. Para que vean la relación, un sándwich de jamón en la calle y un vaso de guarapo (jugo de caña de azúcar), salía 5 pesos cubanos (lo que equivalía a 20 centavos de dólar o CUC). Parece un quilombo, pero cuando uno mochilea y cambia de moneda cada dos o tres días, en países distintos, uno se acostumbra a los cálculos. Cuando uno consume algo en un negocio (en los pocos que hay, cerca o en los mismos hoteles), uno debe pagar en CUCs. Si uno consume algo en la calle, uno puede pagar en CUC – y hacer la cuenta mentalmente – o pagarle en pesos cubanos. Se usan las dos monedas.



Cuando salí del aeropuerto, el taxi lo pagué en CUCs y pedí que me lleve al Hotel Vedado. El taxista manejaba un auto demasiado moderno y ante mis preguntas el chofer me contó que los taxis último modelo son del estado y que él era sólo un empleado. Hay tres empresas estatales de taxis y todos los choferes tienen que tener “una intachable licencia de conducir, saber inglés, historia y marketing (¿?) para manejarse bien con los turistas”. El amigo Ricardo finalmente me dejó en el barrio del mismo nombre del hotel y ahí me fui a desempacar y descansar un tiempo. Respiraba el aire de la ciudad y mi visita a La Habana ya era una realidad.


La Habana es la capital de Cuba. Sus barrios más importantes, la Habana Vieja, Vedado, Miramar, Centro Habana y el Malecón, combinan historia, una ecléctica mezcla arquitectónica, y el ritmo y la bulla del Caribe, con ese toque cubano tan particular.


La Habana, adopta elementos culturales de España, África y las Antillas. Esta ciudad es la ciudad más grande, principal puerto y centro económico y cultural de la nación. Es también la sede oficial de los órganos superiores legislativo, ejecutivo y judicial del Estado, de todos los organismos centrales y de casi la totalidad de empresas y asociaciones de ámbito nacional. Además reúne la mayor cantidad de sucursales y casas matrices de las entidades extranjeras, radicadas en Cuba. O sea, absolutamente todo pasa por La Habana. Esta capital también es conocida por el nombre fundacional de Villa de San Cristóbal de La Habana. Fundada el 16 de noviembre de 1519 por el conquistador español Diego Velázquez de Cuellar, su casco histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Cuando uno camina por sus calles nota que hay un límite muy definido entre la evolución de la arquitectura habanera antes y después de 1959. Desde esta fecha hasta el presente, la misma se caracteriza por un continuado deterioro y por la ausencia de un criterio de armonía a largo plazo. La Habana es una estoica capital atada con alambre y con injertos del siglo XXI.



El clima de la ciudad es tropical, como en el resto de la isla. Sin embargo recibe una mayor influencia continental en invierno, lo que hace que las temperaturas sean más frescas en esa estación. En 2010 se registró una mínima histórica de 4 grados centígrados. Cuba no es ajena al efecto invernadero. Las precipitaciones son abundantes en octubre y septiembre, y bastante escasas entre marzo y mayo, pero al no tener un clima húmedo, el calor se soporta.



Se nota a simple vista que la Habana está arquitectónicamente congelada en los 50's, 60's y 70's (con un 'Deco venido a menos que está en todos lados), acompañado con demasiados autos de la época. Hay pocos autos nuevos y la mitad de los automóviles son de los 50’s. El resto son Lada o Fiat (que entraron en los 90’s), y un que otro auto nuevo que compró el gobierno para un que otro negocio o funcionario.

El capitalismo es gigante e imposible de derrotar, incluso en Cuba. Así como la URRS no era taaaaan poderosa, Cuba ya no era/es taaaaan comunista. En lugares turísticos o no turísticos. Sobretodo una vez que se puede empezar a consumir Coca Cola (cara pero disponible, importada de México), que no hay escasez de petróleo (gracias a Chávez) y se puede mirar el resumen de Boca en la Libertadores por ESPN (aunque la mayoría no tenga cable, yo lo hice desde el hotel).

Como le pasa a la mayoría, los años nos ponen mañosos y poco a poco el snob va ganando terreno. Así que en 2007 necesité aclimatarme al menos dos días en un hotel 4 estrellas, antes de entregarme al mochileo y dormir y comer donde sea. El hotel tenía desayuno americano incluido, piscina, cable, aire acondicionado, una buena ducha; todas cosas que con los días empezaría a extrañar más y más. Pero la aventura no está hecha para los snobs, así que disfruté el confort de esos días de lujo, y luego disfruté de comer spaghetti en un vaso, sentado en la calle. La vanguardia mochilera es así.

La zona del Vedado es netamente turística y mi primer almuerzo en Cuba fue…una hamburguesa con papas fritas y Coca Cola, y a la mierda el comunismo…Ese primer almuerzo que pagué en el restaurante del hotel a 7 CUC, me empezó a dar la pauta de lo que no tenía que hacer para que me durasen los euros que había llevado. El minuto telefónico a Argentina estaba 3 CUCs y la hora de Internet estaba 6 CUCs, y así como la hamburguesa, en ese primer día, tanto la comida como el contacto con la base de Buenos Aires me fueron necesarios.


Para ahorrar dinero, y para experimentar, en la Habana me moví principalmente de a pie. Aunque unas pocas veces me tomé los buses para ciudadanos que son muy baratos. Los micros llamados “camellos”, son camiones apenas acondicionados para ser usados como transporte público, y suelen llevar hasta 300 cubanos de una. Existe una línea de colectivos Astro que fue creada para mover turistas, pero yo elegí moverme de a pie o como el hombre común. Los turistas en general se alejan de los camellos por lo inseguros que parecen, y el peligro que uno corre al viajar tan apretado entre otros pasajeros. Yo me crié viajando en el 96, así que el camello no me resultó un problema, a la hora de usar, y encima considerando que era regalado a la hora de pagar (10 centavos cubanos, lo mismo que una flautita de pan en la calle, en Cuba).


Cuando uno se aleja de la ciudad capital, se ve claramente que el 50% de la población aún es muy pobre. Pero es una pobreza distinta a la de Argentina. La de Cuba se lleva distinto. Con años de privaciones y un cierto orgullo nacionalista, no hay necesidades vitales que no estén cubiertas. Los pobres de Argentina son mucho más pobres que los de Cuba. En Cuba el Estado se encarga de darle a cada familia tipo: 2kgs de arroz, 2 kgs de carne vacuna, 2 kgs de frijoles, 1 pollo, 1 litro de aceite y muchos otros alimentos más que se distribuyen para asegurar de que va a haber un piso a la pobreza y a la nutrición. Será poco, pero con eso que les da gratis el estado, se aseguran que sus compatriotas van a estar alimentados y nutridos con lo básico. La desnutrición en Cuba no existe.

La carne vacuna escasea y sólo reciben 2 kgs gratis todos los meses de parte del gobierno. Pero, quien quiera puede tener cerdos y pollos y comerlos, o venderlos de forma ilegal, todo lo que quieran. El Estado hace la vista gorda en ese aspecto. La carne vacuna se reserva en cantidades iguales para toda la población y se da un extra a los infantes, ancianos y en los hospitales.

A nivel de necesidades y elementos materiales, aunque haya visto DVDs, CDs e historietas Made in Cuba - para niños y a pura propaganda política - en la isla faltan productos, faltan cosas...y ahí salta parte de lo raro. Ahí te cachetea el bloqueo y un gobierno que conduce la mayoría de la vida de la gente, con lo que tiene, con lo que quiere. Es raro ver que faltan cosas normales como jabón, aceite o libros, estos últimos son remanentes de editoriales de los 70's y el 80% son acerca de política. Los fines de semana, era muy particular ver las colas que se armaban para comprar el diario (el único que hay, estatal, el Granma). Lo cubanos aman leer, aunque sea pura propaganda. Sin embargo los jóvenes leen a Dean Koonts en las playas (vaya cosa bizarra). Por eso la prohibición nunca es buena. Pero bueno, los nuestros pueden leer lo que quieran y leen Crepúsculo…

Incluso en las cafeterías de turistas se notaban los faltantes: “no hay tomate, no hay pan, no hay carne”, era normal de escuchar. Así como el “se rompió”. En Cuba todo se rompe y todo se arregla con lo que hay, porque no hay repuestos de nada.

Aunque los locales me advertían que tenga cuidado con mis pertenencias, cuando caminaba por las calles, Cuba me resultó claramente más seguro que cualquiera país de Centroamérica continental. Y también más que muchos de Sudamérica. Eso es así porque con la policía y los militares (y las prisiones), en Cuba no se jode. Esta isla es un triste ejemplo de que al menos en el reino de los Castro, la mano dura funciona, ya que no hay secuestros, hay muy pocos robos, muy poca droga y muy pocas violaciones. Humanas claro, de violaciones de derechos, mejor no hablemos…(o sí, es muy condenable el trato que se le da a los disidentes, la oposición, los presos políticos cuyas causas no proscriben, los homosexuales, y muchos otros que siguen siendo víctimas del régimen de los Castro).

Sea en la Habana, o en el pueblito que sea, la propaganda política está en todos lados. El estado regula todo, incluso lo que dice no regular. Cuba parece un lugar turístico más. Parece, pero no lo es. Cultural e históricamente es interesantísimo.


En mi primer día, básicamente me alimenté, descansé y empecé a recorrer La Habana. Tiendo a caminar y estudiarme los mapas en donde sea que desembarco. Cuando empecé a averiguar como viajaban los cubanos de provincia a provincia, me sorprendí con uno de los primeros hechos de mi visita: los cubanos no viajan de provincia en provincia. Para que un cubano salga de su provincia, por negocios o para visitar un familiar, digamos, necesita una carta de invitación. Así que los micros de Vía Azul sólo llevaban a turistas, o un que otro afortunado cubano que había podido salir de su provincia. Jodido, es como que yo tenga que pedir permiso para ir a La Pampa. La razón de esta medida es mantener una equidad profesional, natalicia, económica; y manifestar poder.

Para moverme adentro de la ciudad, uno puede caminar, tomar un camello, un taxi que no tenga la matricula azul (esos son del estado y sólo levantan turistas), o puedo hacer dedo. Ellos le llaman “hacer botella” y es muy común pedir un aventón, ya que no hay suficiente transporte público. Así que una noche incluso me tomé una moto taxi a 10 pesos cubanos (pasó un ñato en una moto, yo hacía dedo, me dijo que por 10p me llevaba al centro, me subí a la espalda y arrancamos). La vanguardia mochilera es así.

El ejemplo de la moto-taxi es otro ejemplo de cómo la gente del país trata de ganar un dinero extra a cada oportunidad que tiene, sin tener que robar. En Cuba todos ganan poco y por eso tratan de hacer algún negocio paralelo para tener más dinero. Para los jóvenes, lo más común es agradar, ser invitado a bailar, cenar y tomar, por un turista, y así se asegura una salida cara, para ellos impagable. La otra opción es la prostitución. Siempre alguien te ofrece algo (ser guía, conseguirte algo que uno necesita, etc), y aunque puede ser muy pesado este tema (insisten todos, todo el tiempo, además del tema, y no diferencian un europeo o un latino con más o menos plata. Para ellos, si venís de afuera de Cuba, tenés dinero).

La primer noche en la Habana, la noche de la moto-taxi, no confundir con los oficiales y turísticos coco-taxis, visité el Café Cántate y la Casa de la Música – ambos cerca del Teatro Nacional. Distinta fue mi segunda noche en la que entré en contacto con las áreas más grises de la sociedad.


En mi segunda noche en la Habana, mientras buscaba donde comer barato (en la calle, para no entrar a comer a un restaurante donde lo mínimo salía 7 euros), conocí a Carlos que vendía arroz con frijoles y chicharrón (carne de cerdo frita) en la calle, en unos platos, que después le tenías que devolver (lo mantenía tibio en una heladerita de tergopol), y se ofreció para hacerme de guía. Aunque no lo necesitaba, me convenció de que le compre una cerveza cerca y no me jodía más. Como hablamos de política, y había buena onda, le compré una cerveza. Al rato se va “al baño” y vuelve con dos “lesbianas” que quieren estar conmigo por 30 dólares. Dudé, les soy sincero, pero como no estoy de acuerdo con la prostitución, además de que estaba de novio, no había hoteles transitorios, y como los hoteles turísticos y casas particulares no aceptaban compañía, iba a tener que ir a la casa de ellas, para hacer algo. Finalmente dije que no, y como no invité más tragos, al rato se fueron. Quienes están de acuerdo con la prostitución o la pasan bien con quienes ofrecen el servicio, o caen en una casa donde vos no sabes cómo salís…Sin embargo, Cuba es muy seguro y si te roban, los denuncias y terminan todos adentro, aunque eso no garantiza que te devuelvan el dinero, o el mal momento, si es que salió mal. Si sale bien, cada uno con su karma. El ambiente de la noche y la prostitución es triste y complicado en cualquier parte del mundo.

En definitiva, todos queremos lo que los otros tienen. Una conocida de Necochea me explicaba como había armado una huerta para gente pobre en Necochea, y como esa misma gente no quería los tomates o la lechuga de su huerta, sino que querían ir a McDonalds como “todo el mundo”. Los cubanos no te creen cuando uno les dice lo bien que están en ciertos aspectos, que resisten políticamente, que tiene un buen nivel de salud, que sus pobres no son tan pobres como los nuestros (eso no lo entienden y hasta no te creen), que tienen un gran desarrollo ecológico, etc. A la larga y a la corta, como los pobres de Necochea, los cubanos quieren hacer lo que hace “todo el mundo”, incluso ir a McDonalds.

Solamente hablando con la gente – quizás la mejor buena onda del continente, sí incluso más que en Brasil – uno se entera y aprende de todo. Uno de los principales problemas de Cuba es el aburrimiento. El estado incentiva el estudio, el trabajo y el deporte, no sólo por lo funcional de esas actividades, sino porque a nivel de diversión, no hay mucho que hacer. Los cubanos no quieren ir al teatro cubano gratuito y ya están cansados de los filmes cubanos. Los libros escasean. La televisión tiene 3 canales. Internet es carísima para ellos. Hay un solo diario. Menos mal que el Ron es muy barato (el Estado no es estupido, ese es el pan, como el béisbol y el baile es el circo).


El salario promedio variaba entre 20 a 30 dólares por mes. Sea barrendero o médico. El diferencial se hace con otros beneficios que unos tienen y otros no, y hay se les escapa un poco el tema de la equidad y el comunismo. Había 600.000 estudiantes universitarios y 100.000 profesores universitarios, con bibliotecas con 2 millones de libros, en una población de 11 millones de personas. Sin embargo, con todas las restricciones políticas, culturales y económicas que tiene la isla, ¿Qué calidad educativa tienen en Cuba? Cuba tiene muy buena reputación a nivel académico, tanto así como que España pertenecía al primer mundo; y ya todos sabemos como termino eso. Semejante restricción política, cultural y económica, impacta sobre el conocimiento de sus ciudadanos, no sólo los universitarios, y el gran conocimiento cubano está más cerca del mito que de la realidad.


En mi tercer y último día en La Habana (antes de irme hacia Santiago de Cuba), caminé los 7 kms del Malecón, saqué muchísimas fotos, visité la Plaza de la República, el Museo del Ron y los bares a los que frecuentaba Hemingway. También intenté hacer la fila para comprar un helado en la mítica heladería Copelia.

En La Bodeguita del Medio descubrí la Cola local: Tukola, que se suele mezclar con Ron. Pero que los argentinos usabamos para hacer el chiste tonto y decir: "Che, dame Tukola (tu cola)". "Viveza" nacional que le dicen...


En Cuba no hay negocios al público. Repito, no hay negocios al público. Entonces cuando existe uno (manejado por el Estado), se convierte en un suceso y en un claro punto de encuentro. La juventud y las familias, hacen hasta dos horas de cola por un cucurucho de helado, porque no hay otros lugares donde comer semejante cosa. Yo hablé con la gente e hice la cola una hora, hasta que me aburrí y seguí camino, pero porque sabía que en 12 días volvía a Buenos Aires y me hacía una panzada de helado si quería. En Copelia el helado se vendía a todos a un precio accesible y en pesos cubanos. Mientras que en todos los pocos negocios que puede haber en la isla, se le vende sólo a los turistas y en CUCs.

Los precios entre los cubanos y los turistas son generalmente distintos, pero principalmente porque nosotros podemos acceder a cosas que ellos no pueden (porque hay poco, o porque sale muy caro). La mayoría de los cubanos no accede nunca a Internet, y rara vez se mete en un locutorio. Si gana 24 dólares por mes, es ridículo que se patine 6 dólares en una hora de Internet. La cerveza rara vez se compra, porque es un artículo de lujo. Los locales casi nunca toman taxis, los turistas casi todo el tiempo, aunque sólo los que pueden llevar a turistas. Los museos para los cubanos son gratis, mientras que los turistas pagamos.

En 2004 los dólares dejaron de ser aceptados como moneda de uso, y en 2005 cuando se pasó al uso del CUC, todos los cubanos que tenían ahorros, tuvieron que salir a cambiarlos – para poder usarlos a futuro – y así el gobierno supo cuánto circulante retenido había en las casas de la gente. Recuerden que no existen los bancos privados.

Existen los cajeros automáticos, pero la mayoría de las tarjetas no funciona en ellos, así que uno debe morir cambiando dólares o euros, por pesos cubanos y perder el 20% del valor en cada transacción, en las pocas casas de cambio que hay, generalmente en los grandes hoteles. El cubano promedio usa los bancos.

Ese mismo día logré visitar el Museo Martí, con muchos elementos históricos de fines de siglo XIX, y algunos de la Revolución del 59’, y pasé por el Hotel Nacional (el hotel más lujoso del país).



Cuando terminé con el turismo, tomé un micro de la empresa Vía Azul para Santiago de Cuba. El viaje de catorce horas lo podía hacer de noche y me ahorraba una noche de hotel. Y hablando de hotel, ese mediodía abandoné mi habitación y comenzó el verdadero mochilaje y la vida de dormir donde sea y comer lo que sea, que es parte de la verdadera aventura cubana/latinoamericana, con o sin Fidel muerto.



Me quedaban 12 días y decidí cubrir la mayor cantidad de terreno posible. Salía de la zona cómoda y la verdadera aventura había empezado.


CONTINUARÁ

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