Perú 99' y Perú Hoy.

Perú  Parte I: Cuzco y Camino del Inca (Enero 1999).

Al cruzar la frontera y entrar en Perú, tomamos un bus directo a Cuzco. En el micro veníamos sentados de dos en dos. Mónica y Martín, Eugenia y yo. Llegando a Cuzco, María Eugenia me dice:
-Cuando lleguemos, vayan para el hotel que yo me voy a tomar el tren que va a Machu Pichu.
-¿No vas a hacer el Camino del Inca? – pregunté.
-No.
-Viniste hasta acá para hacer eso…
-Sí, pero quiero hacerlo en tren y volver a Buenos Aires. ¿Querés venir conmigo?
-No, yo lo voy a hacer a pie – respondí con el dolor de saber que mi historia con ella terminaba ahí, porque hacer el Camino del Inca a pie era el principal propósito del viaje y si me iba con ella, nada me garantizaba que la magia iba a llegar de repente.
Al bajar del micro, Mónica y Martín nos miraban detectando que algo había pasado. A veces uno recupera su instinto animal y simplemente siente cosas antes de saberlas. María Eugenia se acercó, les explicó, yo les comenté que la iba a acompañar hasta la estación y Martín ofreció llevar mi equipaje hasta el hotel, que ya teníamos reservado por teléfono. No hubo diálogo en esas cuadras desde la terminal de micro hasta la terminal de tren, ella iba callada y yo también, asimilando la derrota final. Cuando llegamos, había un tren que salía en cinco minutos y María Eugenia decidió tomar ese (mejor ponerle un final rápido, habrá pensado). Lo que siguió, fue uno de los diálogos más patéticos de los que participé:
-Te voy a extrañar – dije yo (y qué quieren, tenía 23 y estaba enamorado).
-¿Me prestás 50 pesos? – contestó ella (tenía hielo en la sangre, quizás hoy sea asesina a sueldo).
Como un nabo le presté los cincuenta pesos, me dio un beso y se fue…

La historia oficial, cuenta que nunca más la volví a ver. Pero no es cierto, en el año 2001 la crucé al lado mío, caminando por la vereda, teñida de rubio (quizás sí se convirtió en asesina a sueldo y estaba de incógnito:). Los dos íbamos por la calle Moreno (yo salía de la facultad y ella iba rumbo a ese recinto, yo cursaba en el turno noche y sospecho que ella siguió cursando ahí a la mañana). No sé si me vio, pero yo me hice el boludo, como que no la vi, pero era ella. Y hace unos años, una noche de tragos en Ramos Mejía, y porque un amigo oscuro insistió, logré encontrar un perfil de ella en una página web similar a Linkedyn, donde se ofrecía como traductora de inglés-español en Nueva Zelanda.
Esté donde esté, espero que le vaya bien.

Al volver al hotel, supongo que me pisaba la cara y me veía triste y derrotado. Razón por la cual Martín y unos pibes que estaban sentados en el lobby, en una mesa jugando a las cartas, me recibieron con un: “¿Sabés jugar al póker?”. “No” – respondí. "Sentate y aprendé, y no te calentés, las mujeres están todas locas" – remató un desconocido en la mesa, uniéndonos en el viaje y en el descontento que podemos llegar a sufrir a veces en un encuentro con el sexo opuesto. Martín les habría contado o simplemente lo olfatearon, y no me pudieron dejar solo. Esa tarde de póker fuimos todos hermanos y duró hasta la noche. Del lobby nos fuimos a tomar a un bar irlandés que había a una cuadra de la plaza principal de Cuzco; que abrió un dublinés que se enamoró de la ciudad y su población nativa y mochilera. El pub Paddy Flaherty’s nos dio el refugio para matar penas y hablar de cuestiones universales hasta tarde de noche, cuando decidimos irnos a dormir un rato en una cama, antes de despertarnos, desayunar e ir a contratar un guía para que nos conduzca a hacer El Camino del Inca a pie. Como se debe hacer.

Al llegar al hotel, borrachos, el de la recepción nos dice que como se había roto el baño en suite de la habitación con las dos camas matrimoniales que teníamos reservada, nos había cambiado a una con una sola cama matrimonial, dado que solamente éramos tres ahora, y que Mónica ya se había pasado. Y nos miró como diciendo: "Arreglensé". Cuando llegamos a la habitación Mónica estaba durmiendo y se despertó:
-Lo único que les pido es que uno duerma en el piso, porque yo voy a dormir en la cama – dijo sonriendo.
-Dejate de joder, entramos los tres – remató Martín con una sonrisa y se tiró vestido a la cama. Y yo lo seguí. Mónica había perdido, pero como última suplica, al menos pidió dormir no en el medio de los dos varones borrachos, y que tratemos de no generar muchas flatulencias. Con lo de dormir de costado, no hubo problema, Martín se puso al medio y yo me quedé del otro lado de la cama. Con las flatulencias, la pobre Moni volvió a perder:)

A la mañana siguiente, la colorada se despertó y se fue a comprar artesanías mientras el pelado y yo nos quedamos durmiendo en la cama hasta el mediodía. Nos despertamos, nos cagamos de risa de la madrugada de borrachera, de dormir apretados al lado de Mónica, y del campeonato de meteorismo producto de toda la Guinness que habíamos tomado.
Salimos a la calle a buscar a Moni y al pasar por un comedero (lugar no turístico donde comen los locales y los turistas no se meten), olía tan bien, que nos metimos a almorzar. Comimos Chuleta frita y Tallarines saltados, y bebimos Chicha de Frutilla (no recomiendo la chicha). Nos cruzamos con Mónica en las calles cerca de la plaza principal y encontramos una agencia de turismo para hacer el Camino del Inca con un guía a un precio que nos cerraba. Después yo me corté solo para recorrer el resto de la ciudad y sacar fotos, mientras ellos compraban recuerdos para sus familiares.


Yo recuerdos y artesanías no iba a comprar porque no sabía dónde iba a terminar mi viaje. A raíz de esto, recuerdo un dialogo telefónico con mi madre en el cual me decía: “¿Dónde estás? Hubo un terremoto en Colombia!”. “Bárbaro – respondí – pero yo estoy en Perú”. Les recuerdo que eran tiempos donde no existía Internet, ni celulares, de manera masiva. Así que yo me fui y cada tanto llamaba y daba posición. Una vez desde el Norte Argentino, una vez desde Bolivia, y esa vez desde Perú.

Ese mismo día, los tres nos encontramos más tarde en la plaza principal e hicimos un tour a las ruinas de Sacsayhuamán: Uno de los más soberbios complejos arquitectónicos heredados de los Incas, Quechuas, Andinos o como se quiera denominar a los habitantes precolombinos de esa parte del mundo. El nombre original del lugar todavía causa controversia, ya que existen muchas interpretaciones: "Cabeza jaspeada", sería el más aceptado hoy día. Su construcción fue iniciada por el Noveno Inca: Pachakuteq, con posterioridad a 1438. La "construcción ceremonial" de Sacsayhuamán está ubicada a 2 km del Cuzco, capital del antiguo Imperio Inca; se encuentra a una altura de 3.700 msnm y abarca una extensión de 3.093 hectáreas. El parque se halla emplazado sobre una colina al norte de la Plaza de Armas de la ciudad del Cusco y está unida a su centro histórico por los antiguos barrios Inka de Qolqampata (hoy San Cristóbal) y Toqocachi (hoy San Blas). Actualmente se puede apreciar sólo el 20% de lo que fue el grupo arquitectónico, ya que, en la Conquista, los españoles desarmaron sus muros y torreones para neutralizar su uso en un eventual ataque como el ocurrido en el levantamiento de Manco Inca en 1536. Fueron aprovechadas sus piedras para construir casas e iglesias en el Cuzco.
La fortaleza de Saqsaywaman considerada como un prodigio de arquitectura militar, fue construida durante el reinado de Túpac Yupanqui, por un pueblo que no conocía la rueda, pero que fue capaz de levantar piedras de 300 toneladas…


Me digan lo que me digan, el volumen de esas piedras y el encastre perfecto entre roca y roca, no puede haber sido hecho por humanos. Aunque la fuente de la juventud seguramente fue hecha por los Incas, y tan mal no funciona porque todavía no tengo canas.


Cuando terminamos de maravillarnos con las ruinas de Saqsaywaman, regresamos a Cuzco. Cozqo, como dirían los locales, tiene algo que atrae. Yo no soy místico, ni religioso, pero honestamente esa ciudad tiene algo especial, mágico. Simplemente con llegar, te inunda la buena onda y te sentís bien. Completo. O sea, me dejó una flaca hermosa que me histeriqueó una semana, y gracias a Cuzco, y al apoyo chongo de turno, no sufrí mucho.


Supongo que las ciudades, como la gente, tienen una personalidad particular. Cuzco tiene una personalidad calma, sabía y hospitalaria. No es como otras ciudades a las que no les importa que las visites. O como otras urbes que se expanden como un cáncer. O que preferirían vivir en otro país. Cuzco es una ciudad que recuerda su pasado glorioso y sangriento, pero que se alegra que nuevas generaciones la visiten y la respeten con el paso del tiempo. Por ahora, Cuzco se mantiene en su lugar, dormida, tranquila, agradecida; pero hay que aprender a respetar a las ciudades y no ofenderlas. Quizás un día Buenos Aires se levante y finalmente cruce el Atlántico, para vivir en Europa, donde siempre sintió que era el lugar al que pertenecía. O Manhattan, harta de su gente, se despierte y se mude al medio de los Estados Unidos para volver a la tranquilidad de cuando era sólo una tierra agrícola.
Nunca le falten el respeto a una ciudad, cuídenlas, aunque estén de paso. Son más grandes, más viejas y más sabías que nosotros; y han aprendido a esperar…

Cuzco se encuentra ubicada en la zona suroriental del país, flanqueada por zonas de sierras y selva, a 3,360 msnm. Tiene una extensión de 71,892 kilómetros cuadrados y la distancia a Lima es de 1,153 kilómetros. Se dice que la ciudad del Cuzco fue fundada alrededor del siglo XI por Manco Cápac (por más info ver Latinauta: Bolivia) que, según la leyenda, emergió del Lago Titicaca. Cozqo, ciudad sagrada y capital del Tahuantinsuyo, fue el centro de gobierno de las cuatro extensas regiones del imperio incaico, el cual llegó a abarcar gran parte de lo que hoy es Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Su sociedad fue un admirable ejemplo de organización político - social por sus grandes conocimientos en arquitectura, ingeniería hidráulica, medicina, agricultura, etc. El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro fundó sobre la ciudad del Cuzco una ciudad española que se construyó sobre los cimientos incas, convirtiéndola así en ejemplo de fusión cultural, habiendo heredado monumentos arquitectónicos y obras de arte de valor incalculable. Con el descubrimiento de Machu Picchu, hecho por Hiran Bighman en 1910, Perú se pone en boca del mundo entero. Sus principales atractivos son: La Plaza de Armas, el templo de Sacsayhuamán, el Barrio de San Blas y la Catedral. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco, suele ser denominada, debido a la gran cantidad de monumentos que tiene, como la "Roma de America”. Cuenta con una población estimada de 358,052 según el censo peruano de 2007. Considerando únicamente su emplazamiento como capital del Imperio Incaico, Cuzco aparece como la ciudad habitada más antigua de toda América.
Siempre me va a maravillar el estilo arquitectónico, alrededor de la Plaza de Armas, y las subidas y bajadas de sus calles. Algún día voy a volver a pisar esa maravillosa ciudad.


Al otro día nos despertamos a las 6:30 a.m. Abandonamos la habitación, dejamos parte del equipaje en un locker, y salimos con nuestro equipo de mochilero rumbo a la Plaza de Armas para unirnos al resto del tour, comandado por el guía llamado Willy. El grupo era la heterogénea suma de argentinos, pocos brasileros, dos inglesas, un chileno, un tano y una gringa. Desde la icónica Plaza de Armas, plaza principal de Cuzco, nos tomamos un micro que nos dejó a los pies de la selva.


Caminamos por horas cuesta arriba y cuesta abajo. Yo, instruido por las guías de Lonely Planet, vestía remera y pantalón con bolsillos a los costados y botas de trekking. En la mochila tenía comida, remeras, un pantalón extra, ropa interior, mi bolsa de dormir y un botiquín de primeros auxilios (ya en esa época era auxiliar de Cruz Roja, y según mi entrenador el kit estaba preparado para Ruanda). Sólo nos detuvimos ese día cuando se largó a llover, y entonces Willy decidió que era mejor comer a reparo mientras llovía. Un detalle interesante del equipo expedicionario eran los “portadores”. Los portadores eran unos pibes locales, flaquitos, vestidos con remeras, shorts y en chancletas, que iban delante de todo y le marcaban al guía por donde era mejor pasar y pisar. No sólo eran punta de lanza, sino que llevaban unos mochilones donde cargaban las carpas, las ollas, la comida para los cuatro días y las mochilas de quienes no las querían llevar. Yo siempre llevé la mía porque parte de la experiencia es sufrir las malas. Pero siempre me voy a acordar de esos pibes que saltaban de piedra en piedra, con los bultos en la espalda, como si fueran ninjas en un anime. El equipo de veintidós mochileros, el guía Willy y los portadores, éramos la unidad que comenzó a hacer El Camino del Inca ese día rumbo a Machu Pichu.

El Camino del Inca a Machu Picchu es parte de una sistema de más de 30,000 kilómetros de caminos que integraron las vasta red del Tawantinsuyo, desde el sur de Colombia hasta el centro de Chile pasando por Quito, Ecuador; Cajamarca, Huanuco, Jauja, Huamanga y Cusco en el Perú; La Paz y Cochabamba en Bolivia hasta Salta y Tucumán en Argentina. El Camino del Inca de Perú, descubierto por Hiram Bingham en 1915 (4 años después del descubrimiento de Machu Picchu) es el más popular de los circuitos que existen en América del Sur. Este sendero de más de 400 años de historia tiene distintos accesos: el del Km. 82 (a 5 km. De Chillca), al cual se puede llegar en tren o en bus, el del Km. 88, en Qorihayrachina, al cual se arriba en tren, o bien el del Km. 104 en Calchabamba, al que se llega en tren. Este último acceso permite acortar el trayecto de 4 a 2 días, ofreciendo un número inferior de ruinas a la vista del caminante. Yo salí desde el Km. 82, a pie, siguiendo unas vías de tren y luego cruzando un puente movedizo, y María Eugenia supongo habrá salido del Km. 104, para volver rápidamente a Buenos Aires…
Cuando llegamos a Wayllabamba (3.000 msnm), los portadores prepararon el campamento, y armaron sándwiches de palta, atún y queso de cabra. Había que comer lo que nos daban porque tenían los componentes calóricos y proteicos necesarios para caminar cuatro días en esa selva montañosa. Muy pocos se resistían. Yo me lo tomé como un campo de entrenamiento y comía lo que me daban. Además, después de caminar todo el día, tenía tanto apetito que hubiese comido piedras si me dejaban. Los sherpas, como le decía yo a los portadores, armaron el campamento cerca de las cinco de la tarde, y comimos cerca de las siete de la tarde. Así que ese día habíamos caminado al menos ocho horas y estábamos exhaustos por ser el primero, y por tener que ayudar a armar el resto del campamento.


De esa caminata de ocho horas, recuerdo que todo se basaba en seguir al guía, y sus indicaciones, y caminar pisando firme rocas y barro, constantemente. Aunque de a ratos venía una brisa con olor a estiércol y animales muertos, la vista de todo el recorrido fue genial, de película y honestamente indescriptible. Creo que voy a estar muriéndome y me voy a acordar de esos días, como parte de los días en los que me sentí muy feliz.
Después de comer, fogón controlado de por medio, nos sentábamos casi todos juntos a contar historias y tomar té de coca para empezar a hacerle el aguante al mal de altura, que por suerte nunca sufrí. Y era gracioso, aunque muchos se asustaban en medio de la noche, cuando atraídos por el fuego del fogón, en medio de la jungla, aparecían nenes que vivían en la montaña misma, queriendo vendernos barras de chocolate. Eran simpáticos, como traviesos duendes Incas que aparecían de la nada, y los portadores los ahuyentaban. El chileno tocaba la flauta al lado del fogón y el ambiente no podía ser mejor.
Nos acostamos temprano para levantarnos de madrugada, desayunar y caminar todo el día subiendo de 3100 metros a 4200 metros sobre el nivel del mar. El desayuno, a las seis de la mañana, tenía avena, pan con manteca y más té de coca. Las noches en la jungla son muy frías, aunque en enero estén en pleno verano en Perú. El camino fue difícil, pero lo interesante era la bruma que nos rodeaba a medida que subíamos. Sin lluvia y sin sol, nos beneficiaba que estuviese nublado y que la neblina nos mantenga frescos mientras subíamos kilómetros y kilómetros cuesta arriba.
Fui el quinto en hacer cumbre ese día y llegar a los 4200 metros. Desde ahí se armó un sub grupo de argentinos que éramos siempre los primeros en llegar. Yo dormía y comía con Martín y Mónica, pero durante el día, caminaba junto a quienes íbamos a la vanguardia.


En esa altura, la cumbre tenía hielo y nieve, y lógicamente emboscamos a todos los que llegaron después que nosotros y los recibimos a bolazos de nieve en la cara y la espalda. La Vanguardia es así :)


Esa tarde avanzamos un poco más e hicimos otro campamento para comer y dormir. Y Willy también nos ordenó ir de cuerpo, porque sino íbamos a llegar enfermos a Machu Pichu. También nos pidió que entre nosotros nos avisemos dónde y cuándo íbamos, porque no era agradable que uno vaya a los yuyos y se sorprenda con un compañero/a haciendo fuerza. Así que desde ese día, con Martín, después de comer, avisábamos a todos los del fogón: “Nos vamos 10 metros para allá, al Café Tortoni”:) Otros hacían lo mismo pero decían ir a “Boston”. Y la otra parte del chiste era gritar: “Shazam!”, cuando habíamos terminado de hacer fuerza. El humor escatológico, chongo y selvático elevado a la quinta potencia.

A la mañana siguiente, tuvimos que descender muchos kilómetros, que era más difícil que subir, no por el esfuerzo físico, sino porque el Camino del Inca está hecho de rocas y por la humedad del lugar, las rocas siempre están húmedas y resbaladizas, rodeadas de barro. Ese día nos cruzamos con un contingente de otro guía, y se armaron dos pelotones que iban por el camino: A la vanguardia (ellos) y a la retaguardia (nosotros). Yo iba delante de nuestro grupo y vi como una flaca, del otro pelotón, resbaló y se fue 20 metros cuesta abajo de boca a las piedras. No pensé y corrí hacia abajo con los portadores ninjas flanqueándome. Cuando llegué hasta donde estaba la chica, tenía la cara pegada a una roca, boca abajo y no se movía. Con cuidado le sostuve el cuello y la parte de atrás de la cabeza y la di vuelta. Tenía toda la cara ensangrentada, se había partido el tabique y sus dientes frontales los tenía para adentro. Si bien yo soy auxiliar matriculado de Cruz Roja, la flaca honestamente estaba inconsciente y hecha mierda. La situación me superaba. No sabía por dónde empezar. Pero como ocurre en los momentos de crisis, uno no piensa mucho y se acciona. Saqué el kit de primeros auxilios, pedí agua para tirarle en la cara y localizar las heridas (cortes en parpado, frente y pómulo abierto como si fuese un boxeador). Y mientras estaba en mi estado de frenesí emergentológico, alguien me toca el hombro. Era un chileno de anteojos que era parte del otro grupo.
-¿Necesitas ayuda? – preguntó con humildad.
-No, soy de Cruz Roja – contesté con la arrogancia y el breve conocimiento de mis ventipico.
-Soy Cirujano – remató el chilote…y yo me paré, le dí mi kit y le dije: “Todo suyo doctor” (me sentía el más boludo del condado). Pero el cirujano me dijo que él iba a trabajar con los dientes y el pómulo, y que yo le siga pegando la frente y el párpado con pegamento. De casualidad trabajé en el sector piscina del Sheraton y aprendí a pegar heridas en la cara cuando un huésped borracho se reventó la cara con el fondo de la pileta. El cirujano y yo trabajábamos los dos con guantes de latex (que yo tenía), parando el sangrado con gasas, pegoteándole la cara con La Gotita, y la piba que ya se había despertado, no paraba de llorar por cómo le iban a quedar los dientes y la nariz. Yo hubiese llorado de dolor y porque tenía la cara como una pizza tirada al piso. En definitiva, estuvimos como media hora acomodándola toda y pegándola de emergencia, hasta que hicimos lo mejor que pudimos, y un portador con el otro guía la llevaron caminando hacia un lugar de emergencias en la selva, donde la iba a pasar a buscar un helicóptero. Con el cirujano nos sentamos, confirmamos si habíamos revisado todo, si le habíamos preguntado si le dolía la cabeza, si tenía sangrado por los oídos, y poco a poco bajaron nuestros niveles de adrenalina; mientras los dos grupos de mochileros nos miraban. Martín, para romper el hielo, se acercó y me dijo: “Viste boludo, sos Batman”. Y desde ese día hasta el final, fui “Che, Batman” o “Che, doctor”. Fue divertido y ahora agradezco haber tenido la iniciativa de hacer ese curso de primeros auxilios, por esa y otras situaciones de emergencias que me tocó vivir. Aunque ese bautismo fue jodido.
Esa tarde Willy juntó a los dos grupos hasta que regresase el guía del otro, con uno de los portadores, y armamos un campamento de casi cincuenta personas. Comimos fideos con atún y hojas de coca para masticar y retener en las muelas de postre. Durante esa tarde/noche se hizo otro fogón masivo, se jugaron innumerables partidos de truco y se contaron historias, antes de ir a dormir para despertarnos a las seis de la madrugada. Ya estábamos durmiendo todos cuando regresaron el otro guía y el portador con malas noticias: la chica había sido llevada en helicóptero, y estaba bien, pero al regreso presenciaron un alud que cortó el acceso planeado, las vías del tren y nos iba a demorar un día más en llegar.
Para el desayuno tomamos chocolate caliente y comimos pan con mermelada, antes de recibir las malas noticias y caminar muchas horas cuesta arriba y cuesta abajo, esquivando el alud hasta llegar a un refugio preparado llamado Wiña Waina, a un día de llegar a Machu Pichu.


Después de cuatro días de caminar en la selva peruana y comer religiosamente lo que me alimentaban, me empecé a sentir cansado, como tirado. Tomaba mucho té de coca con azúcar, pero igual me sentía muy fatigoso, a pesar de estar en perfecto estado de salud, y empecé a extrañar las comidas con glucosa. Quizás por la cercanía a las ruinas de Machu Pichu, quizás porque el destino otra vez me hacía un guiño a favor, la noche antes de llegar al objetivo, después de cenar arroz con lentejas e ir al Tortoni :) apareció un nenito, en medio de nuestro campamento selvático, vendiendo latas de Coca Cola y barras de Snickers. Le compré una de cada una y le redondeamos el precio a su favor. Pero si el nene nos pedía 100 dólares por todo, se lo pagábamos. El bajón de azúcar era increíble, y yo me consumí ambas cosas en el momento. Como un yonki. Entre la excitación por llegar, el alud y la cafeína en el cuerpo, no dormí mucho esa última noche en la selva, y cuando me despertaron a las cuatro de la mañana, con una sopa para ayudar a levantar campamento, me quería morir. Desarmamos el campamento bajo la lluvia. Llevamos nuestro equipaje y caminamos con una precipitación incesante. Nos recordábamos cada cien metros de pisar bien para que no haya accidentes.


Son 45 kilómetros los que separan al Km. 82 de la ciudadela de Machu Picchu, que tuve el placer de hacer cuesta arriba y cuesta abajo, en medio de la selva, con frío y calor, con lluvia y el camino resbaladizo. No lo lamento ni un segundo. Desde 2010, el estado peruano limitó estrictamente el número de personas permitidas en el Camino del Inca. Se aplica una restricción a expediciones de 200 personas y 300 porteadores, con el fin de conservar la flora y fauna del lugar. Lo recomendable es planear el viaje con tiempo para ver si hay cupo de visitantes para cuando quieran viajar.


Después de casi cinco días caminando en la selva. Después de dos semanas de mochileo. Después de haber sufrido con una y haber reído con muchos, Willy nos guió por un precipicio brumoso, y al doblar la esquina, cerca de las diez de la mañana, la neblina fue cómplice del espectáculo y se corrió un poco para que podamos ver a Machu Pichu en todo su esplendor. Había llegado. Misión cumplida.      



Perú Hoy

En los últimos diez años la economía peruana ha mostrado un crecimiento económico espectacular, y como efecto inercial en algo se ha podido reducir la pobreza. Sin embargo, ni el éxito es redondo, ni el crecimiento es suficiente: convive con una persistente brecha de desigualdad, y es allí donde se coloca una de las mayores interrogantes planteadas respecto a la consecución de resultados en materia de inclusión social. La combinación de un compromiso de sujeción a los principios neoliberales, la propensión autoritaria que amenaza con desandar lo construido en términos democráticos y la ineficiencia manifiesta en gran parte de los actos del ejecutivo es la fórmula que resume hasta el momento el gobierno del presidente García. En ese sentido, el importante crecimiento que muestra la economía solo sería un espectáculo que una gran cantidad de peruanos presencian desde lejos.

Se espera un cambio a partir del nuevo presidente: Popularidad de presidente Humala sube a 54%, según Ipsos Apoyo. Los entrevistados señalan que aprueban la gestión de Humala porque está realizando un cambio para la mejora del país (50%).  Está trabajando en programas sociales para los pobres (47%).  Está luchando contra la corrupción (41%) y por el buen manejo de la economía (28%).

Existe un extendido desinterés por la política entre los estudiantes. Las clases medias y altas abandonaron la universidad como centro de activismo político porque “pensaban que estaban jugando con fuego,” menciona Carlos Contreras, profesor de historia de PUCP. Con los recintos universitarios politizados, la actividad política era percibida como sumamente peligrosa. Por esa razón, la gran mayoría que no quería ser asociada con SL, abandonó casi en su totalidad la política universitaria.

El Perú es un país con un Índice de Desarrollo Humano medio alto, con una puntuación de 0,723 en 2010 que lo ubica en el puesto 63, es decir, un 30% de su población aún vive por debajo del umbral de pobreza lo que supone un alto índice de desigualdad.
El 1 de Enero de 2012 se estableció un salario mínimo en 750 Nuevos Soles, el equivalente a 278 US$. Perú es, detrás de Ecuador y Venezuela, el tercer país de Latinoamérica donde más se ha reducido la pobreza en lo que va de siglo: un 17,3%.

Fuentes:
- Encuesta realizada por encargo del diario El Comercio, entre el 11 al 13 de enero de 2012.
- http://www.perupolitico.com/

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