Bolivia 99' y Bolivia Hoy.

Bolivia - Enero 1999

El comienzo de las crónicas en Bolivia de mi cuaderno dice: “Cruzá la frontera, evolucioná, mejorá como persona”. Tenía grandes objetivos para tan corta edad.
Una  vez cruzada la frontera, entramos en Villazón a las 4:30 p.m y nos dirigimos a comprar los pasajes para ir rumbo a Potosí.

Villazón está en la provincia de Modesto Omiste, se encuentra a 347 km de la ciudad de Potosí, y a una altura de 3.400 msnm. Según el censo de 2005, la ciudad tiene 30.000 habitantes en promedio. El principal movimiento comercial proviene del turismo y del contrabando que pasa desde Villazón a La Quiaca, en Argentina. Se comercializan toneladas de productos, cargados en las espaldas de miles de mercaderes que, a diario, cruzan esa frontera en una y otra dirección (actividad conocida regionalmente como 'comercio hormiga').

Luego de hacer una larga cola para obtener los pasajes (actualmente de Villazón a Potosí cuesta 11 U$ el boleto de ida), decidimos hacer tiempo en un bar improvisado en un garaje. Era recomendable tomar y comer algo antes de salir. El viaje de Villazón a Potosí es de 9 hs en micro, y si bien el bus hace paradas en el camino, la comida y las bebidas del bar improvisado iban a ser mejores que las que se podían conseguir al costado de la ruta. Los buses en Bolivia eran como los buses urbanos de Buenos Aires. Era como irse hasta MDQ durante 9 hs, en un 60 de los viejos :P


Sin embargo, lo mayormente anecdótico de ese momento, en ese bar, no sólo era la decoración y la improvisación del recinto “gastronómico”, sino el programa de juegos que veían en TV, donde la audiencia - en esa emisión televisiva - se volvió loca de alegría cuando un participante ganó 3 frazadas. Ahí me di cuenta que estaba entrando en un país con una realidad distinta a la de la Argentina del 99’.
Finalmente, llegó la hora de subir al micro luego de unas horas de mirar la TV boliviana, escuchar a María Eugenia quejarse, y comer/tomar algo. El viaje a Potosí que iba a ser de 9 hs, fue de 12 hs. En ese medio día me dediqué a avanzar, leer y dormir. Con resultados varios.
La ciudad de Potosí, al sur de Bolivia, tiene una población promedio de 650.000 habitantes de acuerdo al censo de 2007, se habla español y quechua, y viven a 4.067 msnm. Junto con la ciudad de Lhaassa en el Tibet, son las dos ciudades más altas del mundo. El nacimiento de Potosí en 1545 fue imprevisto, forzoso y anárquico en sus orígenes, sin permitir su más elemental urbanización. Potosí es otra de las caóticas ciudades de Bolivia.


Cuando llegamos a destino, a 4.000 metros de altura snm, conocimos unos tucumanos en el hotel (M.E pidió habitaciones separadas, se complicaba el partido) y fuimos a recorrer la ciudad con ellos. Recuerdo que tanto de día como de noche, lo notorio era la falta de limpieza, la combinación de olor a comida y basura, las suculentas porciones que servían (amé la comida de Bolivia) y lo seguro que podía ser la ciudad, más allá de los borrachos por las noches.  
Un día más tarde, con la caída del sol, decidimos salir hacia La Paz. En el bus leí Lonely Planet Bolivia y El Camino del Samurai. Hay anotaciones donde menciono cómo me gustaría mochilear a futuro con mi hermano, pero Matías eligió otro camino en el futuro.
Al llegar a la capital de Bolivia, a 3600 metros sobre el nivel del mar, recuerdo que no me faltaba el aire, por suerte, ni en La Paz, ni en Potosí me apuné. Sólo comprendí lo que era la falta de aire, un día que subí corriendo las escaleras, el aire pareció desaparecer y no importaba cuántas bocanadas tomaba, era como que la consistencia a la que estaba acostumbrado no era la misma, lógicamente, y solamente en ese momento noté la diferencia de una ciudad con altura. En el cuaderno de viaje, escribí que el objetivo final era surfear en Ecuador, pero no iba a llegar hasta ahí…

Desde que salimos de Argentina, nos hospedamos en habitaciones con baño compartido, pero en La Paz mi compañera de viaje sugirió habitaciones separadas con baño, y el confort se agradecía, aunque no la histeria. La clave de estar en un hotel con baño en las habitaciones, era que además de tener agua, había agua caliente, lo que era un lujo para el tipo de lugares a los que estábamos yendo. Si en Tucumán habíamos pagado 15 pesos/dólares la noche, en La Paz pagamos 17 dólares la noche, aunque la calidad del hotel no tenía comparación. Era mucho mejor que lo que había en Argentina, y Bolivia, tanto en ese entonces como ahora, siempre es mucho más barato que el país que vio nacer a Maradona. Para fines del siglo XX, un aluvión inmigratorio bajaba desde Bolivia y Perú, y otro aluvión hippie/mochilero argento subía a conocer sus ciudades y ruinas.


Nuestra Señora de La Paz es ciudad y sede del Gobierno boliviano y de los Poderes Legislativos y Ejecutivos. El último censo, realizado hace una década, indicó que la población del área metropolitana es de 2.000.000 de habitantes. El centro de la ciudad está aproximadamente a 3.650 msnm En esa ciudad, recuerdo beber unos extraños y tradicionales jugos de fruta que hacen al aire libre en tachos (al cólera, le tiré varios amagues y siguió de largo) y comer en las improvisadas barras de comida/comederos que armaban con caballetes en las calles. Donde sólo se sentaban bolivianos y turistas lunáticos como yo. Utilizando ese recurso, se construían todo tipo de puestos de venta: de comida, de productos varios y hasta armaron una carnicería (vi como despellejaron un ternero y la gente compraba sus partes, con las moscas volando sobre el animal y la sangre corriendo cuesta abajo en la calle, paralelo al cordón de la vereda, mientras se mezclaba con otra agua sucia).

Para mi La Paz siempre va a ser: olor a comida + olor a basura + calles en subida y bajada + su avenida principal con una clase alta notoriamente blanca y el resto del país, indígena y sacrificadamente pobre. De todas maneras, tengo gratísimos recuerdos de sus comidas, de la inexplicable seguridad de sus calles y de su gente (que aunque muchos no hablaban bien español y no miraban a los blancos a los ojos, cuando lo hacían, lo realizaban sin resentimiento alguno y con mucha timidez).    



Después de dos días de descanso y paseos, desde La Paz nos dirigimos a Copacabana. En un viaje de 4 hs de micro y bote. Llegamos muy tarde de noche a dicha ciudad, en la orilla del Lago Titicaca del lado boliviano. No había ningún lugar abierto donde comer, y nuestras raciones de comida de emergencia se habían agotado en los distintos viajes que habíamos hecho desde que salimos de Buenos Aires. No obstante, en la oscuridad de la noche, había una tenue luz de un kiosco con un cartel que decía: “Toque timbre”. Más hambriento que atrevido, presioné el timbre y un dormido señor me abrió la ventana para atenderme. Cuando pedí algo para comer y tomar, me informó que sólo le quedaba 1 lata de Coca Cola, 2 latas de atún y galletas (tipo Criollitas). Compré barato lo que tenía (en Bolivia todo era baratísimo) y me senté con M.E en el piso, en el cordón de la vereda, iluminados por la tenue luz del kiosco del señor que había vuelto a encontrarse con la encarnación del Morfeo del Altiplano. Abrí la lata de Coca y le dí a M.E para tomar primero. Mientras lo hacía, en el fondo de la lata, vi que su contenido estaba expirado hacía 2 años, pero no dije nada e igual la tomamos; y no pasó nada, no se enfermó ninguno de los dos. Así que ya saben, la Coca Cola puede aflojar tuercas y ser tomada vencida. Si bien a nivel emocional remaba en un mar de arenas movedizas (11 seguían defendiendo en el fondo, perdía la paciencia y ya me estaba echando jugadores), improvisé un mantel con un sweater para esa poca comidita bajo la luz de la luna y la luz del kiosco, y muertos de hambre comenzamos a comer las galletas hasta que abrí las latas de atún con mi Victorinox y la chica de zona norte me dice:
-“Yo delfín no como”.
-“¿Qué?”
-“Te lo venden como atún pero es delfín”
-“¿Me estás jodiendo?”- pregunté.
-“No, yo como las galletitas, vos come las latas”.
Flipper nunca estuvo más delicioso : )

A continuación caminamos un poco, con la ciudad a oscuras y desierta, y encontramos un hostel donde nos hospedamos en un cuarto compartido con 2 inglesas, con quien compartí el desayuno y la mañana, mientras mi compañera viajaba al lado mío, pero estaba en su propio mundo.
Ese día visitamos la Catedral de Copacabana, que es imponente y muy bien cuidada, a comparación del pobre conjunto edilicio de la zona. En ese recinto, y afuera, los fieles comparten una extraña adoración por una mixtura de imágenes católicas e indígenas.


Ya a las orillas del Lago Titicaca, se comenzaba a sentir la buena vibra. Existe una energía inexplicable, que transmite relajación y buena onda en muchas de las áreas de Bolivia y Perú (El súmmum es Cuzco, pero acerca de Cuzco habrá otras crónicas más adelante).


A la orilla del Lago, cuando yo pronuncié Titicaca, un nene al paso me corrigió “Titikarca” (arrastrando la K) y me contó que el “Titikarca” es un animal acuático que vive en las cavernas submarinas del lago. El Lago Titicaca es increíblemente grande y frío (bajo 0°C de junio a septiembre). Incluso en verano, cuando uno navega en él, hay que vestir abrigo por el fresco que emanan sus aguas. Está ubicado a 3.900 msnm y tiene una extensión de más de 8.300 km, con un largo de 150 kilómetros y un ancho promedio de 50 km. Huatajata en el Lago Menor y Copacabana en el Lago Mayor son los poblados que por tradición abren sus puertas a los visitantes. Es el lago navegable más alto del mundo y el más grande en Sudamérica. Se pueden pescar truchas, pejerrey y otros peces nativos. El lago hace de frontera natural entre Bolivia y Perú. Del lado boliviano se destaca la ciudad de Copacabana, La Isla del Sol, las balsas de Suriqui, los pasajes semi subterráneos de Chincana y las escalinatas de Yumani donde estaba una de las fuentes de la juventud.



La Isla
del Sol, es particularmente natural y hermosa. Con su arena blanca, sus chozas, sus cultivos de maíz en terrazas, tiene poco que envidiarle a algunas islas del Caribe. Para llegar a dicha isla, decidimos compartir la lancha con Mónica & Martín (Argentinos), con quienes yo después continué el viaje hasta Machu Pichu.


En la Isla del Sol está para armar un campamento y quedarse un tiempo largo, al mejor estilo Lost. En esa isla, estuvimos en varias ruinas y en el laberinto de Chinkana. Si bien esas construcciones no están señalizadas y son “prohibidas”, con dos barras de Snickers convencí a dos niños pastores para que nos lleven ahí, y lo hicieron. Es el día de hoy que me lamento un poco y no dejo de sentirme como un conquistador español :P


Pero el karma vuelve y el haber ido a esas ruinas “secretas” hizo que nos perdiésemos a la vuelta y se nos vaya la lancha. Resultado: Nos quedamos solos, de noche, con temperaturas bajo cero y perdidos en la Isla del Sol.


La lógica me indicó que había que bordear la costa, porque alguien seguramente iba a vivir sobre la misma. Lo sugerí y el resto me siguió. Pero la playa se detenía abruptamente en un bosque, en el que nos metimos para tratar de atravesarlo y llegar nuevamente a la costa, pero nos perdimos aun más. Teníamos hambre y frío (los varones les dimos todos los abrigos a las chicas y nosotros en remera al borde de la hipotermia, como machos). La principal dificultad era que sobre la playa al menos nos alumbraba la luz de la luna, pero en el bosque no veíamos donde pisábamos. Hasta que saqué dos tubos químicos fluorescentes con los que apenas podíamos ver donde caminar. Más allá de ser precavido ante cualquier emergencia, fueron las luces de colores en el bosque las que hicieron que un hombre se acerque al mismo a ver qué eran esas extrañas luces. Ese hombre nos rescató, nos guió hasta su casa cerca del bosque, nos alquiló 1 metro cuadrado en su living para tirarnos a dormir, y nos dio galletas y latas de atún para poder comer. María Eugenia convenció a Mónica con la teoría de los delfines enlatados y las mujeres se negaron a comer atún (sí, otra vez :) y los varones terminamos comiendo las latas. Cuando Martín vio que abrí las latas con mi Victorinox y nos rescaté, de casualidad, con los tubos químicos, dijo: “Mirá, este chabón es Batman”. Y hasta el último día en que viajamos juntos, Martín, Mónica y cuanto mochilero se nos juntase, me llamaron así, porque siempre tenía algún gadget que nos sacaba de un apuro (y eso que no sabían que leo comics y al Caballero Oscuro :) Martín era Tincho, Mónica fue Moni y a mi me decían “Che Batman”, y fue muy divertido.
Al otro día, nos despertamos con la claridad del amanecer y el dueño de la casa nos guió hasta las lanchas para que tomásemos la primera de la mañana y siguiésemos camino.
Esteban Quelima Tikona, arqueólogo de la Universidad U.M.S.A, y nuestro guía de lancha, nos contó el origen de los primeros habitantes de las islas en el Lago Titicaca: “Antes de Cristo, estaban los Tihunacotes y luego vinieron los Incas. En la Era del Inca, no había flojos (vagos), pero sí había ladrones y mentirosos, quienes eran sacrificados en los templos, en honor al sol. Además de las actuales islas existentes, había una isla más que se hundió y es la civilización perdida del Titi (Sapo) Karka (Roca). El final de los Tihuanacotes ocurrió de la noche a la mañana de la mano del ejercito de Manco (Rayo) Kapak (Trueno)”.

Manco Cápac fue el primer gobernador de la etnia inca en Cuzco a comienzos del siglo XIII. Manqu Qhapaq, en quechua, fue el fundador de la civilización incaica. Según la Leyenda del Lago Titicaca, Manco Cápac fue el héroe semidivino que por orden del dios Inti fundó el Cusco y civilizó a muchas tribus con la ayuda de su mujer Mama Ocllo.

El relato de Esteban se terminó de volver interesante cuando nos dijo que hay 3 lugares sagrados, que aseguran la inmortalidad: Chichenitza en México, Cuzco en Perú y La Isla del Sol en Bolivia. Ese era el triangulo del poder. Y como ya estuve en esos 3 lugares, ahora empiezo a entender por qué a los 35 años todavía no tengo canas : )
Antes de bajar de la lancha, Esteban nos contó que vivía en la comunidad Challa de la Isla del Sol, donde según el censo del 92’ había 2.600 personas habitando la isla. En un día de recorrido, sólo vimos al dueño de la casa que nos dio refugio y a los dos niños pastores. Quizás los otros 2.597 habitantes se ocultaban en las cuevas subacuaticas, con el Titikarca…
De regreso a Copacabana, nos comimos una buena Trucha Chorrillana y recogimos nuestro equipaje para seguir camino ya de a cuatro: Mónica, Martín, Maria Eugenia y yo.
Quisiera volver a destacar la comida Boliviana que no tiene buena prensa, pero que es muy buena y no necesita ser gourmet. Sea carne de res o carne de llama (la probé y es como poner a marinar una carne de caballo, marinado se puede comer cualquier cosa), todo tipo de carne viene siempre acompañado de papas fritas y ensalada, en unos platos gigantes. Es más, creo haber comido la mejor hamburguesa vegetariana de mi vida en una de las paradas del micro rumbo a Perú, donde ya ofrecían platos típicos de ese país como la Salchipapa y el Pollo Dorado.

Algunas horas más tarde, llegamos a Cuzco, en Perú: Mi ciudad favorita de un país en desarrollo y el último lugar donde vi por última vez a María Eugenia B.S.


Bolivia Hoy

BOLIVIA: UN PASEO CON ALTURA
por Andrés Accorsi

El primer avión me dejó en Santa Cruz de la Sierra, según dicen, la “más europea” de las ciudades del estado plurinacional de Bolivia. Pero no me consta, porque nunca salí del aeropuerto.
El segundo avión me dejó en la inverosímil ciudad de La Paz, y ahí sí me quedé. Posta, el que decidió que se podía fundar una ciudad donde hoy está La Paz, era un vanguardista pasado de rosca, un borracho y drogadicto totalmente fuera de control. Y la ciudad refleja un poco ese caos: calles en subida, en bajada, una especie de tajo que la atraviesa por la parte más baja, puentes que conectan las zonas altas, y esa inmensidad de casitas que se amontonan en las laderas de las montañas, de un lado y del otro, y que vistas de lejos parecen de mentira, como un decorado extraño, como algo inaccesible, por lo lejano y por lo inhóspito del terreno. Y aún así, la ciudad funciona, late, cautiva.
La atracción turística más bizarra es la calle de las brujas, cerca del centro. Ahí además venden excelentes tejidos a precios más que accesibles.
En busca de diversión nocturna, caí en La Costilla de Adán, un alucinante templo kitsch, intencionalmente sobrecargado y con un ambiente genial.
Si lo tuyo es el morfi, los restaurantes más finolis de la capital boliviana están en el barrio cheto, cerca del Círculo de Oficiales del Ejército. Pero si buscás cantidad, calidad y buen precio, tratá de que te lleven al restaurant Los Amigos, lejos del centro, pero fiel a la tradición cochabambina de las porciones devastadoras y la cordialidad insuperable. Dicen que en Cochabamba las porciones son aún más abundantes. Te las deben traer en una grúa... Los dos platos fundamentales son la paila de pollo y –si sos muy macho- el pique macho.
La moneda de Bolivia se llama “el boliviano”. No “peso boliviano”, sino “boliviano” a secas. O sea que vas a escuchar todo el tiempo -¿Cuánto cuesta esto? -10 bolivianos. Al principio es raro, suena como si se pagara con gente. -¿10 bolivianos? Dale, te doy a Joaquín, a Jorge, a Mauricio, a Sara, a Alejandra, a Carlos y te debo cuatro. Pero al tercer día te acostumbrás.
A lo que quizás te cueste más acostumbrarte es a la altura. Yo no tuve ningún problema, pero me encontré con otros turistas que sí, sufrieron mareos, vómitos y descompensaciones varias. De todos modos, en cualquier farmacia venden medicación para combatir los síntomas del apunamiento.
Ahora, si preferís la naturaleza a los paisajes urbanos, la posta es tomarse una combi cerca del cementerio de La Paz y llegar (en menos de una hora y media) a las orillas del majestuoso lago Titicaca, en el límite con Perú. Tus pulmones y sobre todo tus retinas te lo van a agradecer toda tu vida.

Andrés Accorsi visitó Bolivia en Agosto de 2011, es Licenciado en Ciencia Política, pero es mayormente conocido por Comiqueando, Tiempos Violentos, Fantabaires, el documental Imaginadores y todo lo demás; es uno de los mejores periodistas especializados en comics.
Fue gracias a su blog: 365 Comics por Año, y los dos libros que se desprendieron de su material online, que tuve la idea de plasmar mis relatos de viajes primero en este blog y quizás a futuro en un libro, con material ampliado.

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1 comentarios:

Pietro Tul dijo...

Estimado LPS: tu crónica de patio trasero me llevó a otra de igual brillante tenor que quizá conozcas: la Conquista de lo Inútil, de Werner Herzog (el diario de filmación de Fitzcarraldo, en la Amazonia peruana).

Un párrafo dice: "A la mañana estuve en el museo, contiene una serie de acuarios profundamente desoladores, llenos de agua infame y fermentada que mató todo lo vivo dentro de ella. Sólo en uno, que no contiene piedras ni plantas, únicamente agua estancada hace meses, sobrevivieron un par de peces lastimosos. Después había también unos pájaros mal disecados, a los que antiguos visitantes habían arrancado casi todas las plumas al pasar, víboras, tortugas y algunos indios de yeso que llevaban colgado utensilios indígenas del local de souvenirs del aeropuerto. El taxi que usé hoy, como todos acá, carecía de decoración interior y, como todos, tenía agujeros en el piso. No puedo recordar haber viajado en ningún taxi donde se pudieran cerrar las puertas de forma correcta. Lo llamativo en este auto era el hecho de que no tenía volante; el chofer manejaba con una gran pinza, una llave francesa, y lo hacía bien".

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